30.10.11

Trigésimo Primero Domingo del T.O.: Malaquías 1:14-2:2, 8-10; 1 Tesalonicenses 2:7-9, 13; Mateo 23:1-12

Malachi (ortodox icon)Image via WikipediaVea Lecturas Biblícas


El tema de hoy es una advertencia a los jefes religiosos y sobre la actitud de los creyentes a tales personas. Quiero apuntar tres asuntos en considerar estas lecturas: 1) tenemos que desafortunadamente pensar sobre los escándalos sexuales que se han manifestado entre los sacerdotes católicos en los EE.UU.-- no se puede evitar tal reflección penosa; 2.) debemos también atender a los jefes religiosos de varias denominaciones y sectas que han cambiado las enseñanzas tradicionales del cristianismo en lo moral y en la teología más fundamental; y 3.) tenemos que pensar en el mensaje específico de la lectura evangélica de hoy.

Los escándolos en los Estados Unidos se prestan mucho a la lectura del profeta Malaquías que ataca a la corrupción de los sacerdotes del Viejo Testamento que «se han apartado del camino» y han traicionado a sus hermanos. Los sacerdotes que han violado a los jóvenes en los EE.UU. y en otros países claramente se han apartado del camino de Dios y han traicionado a sus hermanos en el sacerdocio y a sus hermanos laicos. Y en la lectura vemos la maldición de Dios sobre ellos: se han hecho «despreciables y viles ante todo el pueblo». Por eso vemos ahora las reformas urgentes en los seminarios del nuevo Papa Benedicto XVI.

Pero tenemos que también ver muy claramente la corrupción de los jefes religiosos en muchas denominaciones protestantes que han llegado al punto de ignorar totalmente las enseñanzas morales que se ven muy claramente en las Escrituras. Por un solo ejemplo, consideramos el movimiento entre algunas denominaciones liberales del protestantismo norteamericano para anunciar la gran mentira que la vida activa homosexual pueder ser algo aceptable al cristianismo. San Pablo nos dice que él predicó a los tesalonicenses la «palabra de Dios». Estos jefes liberales del protestantismo norteamericano estan, en contraste, predicando la palabra mentirosa del diablo, el padre de las mentiras. La advertencia en Malaquías incluye a estos.

Finalmente, llegamos a la lectura de Mateo en cual Jesús reconoce la autoridad de los que se sientan en «la cátedra de Moisés» pero les advierte a los creyentes de no imitar las obras de esos jefes. Es interesante que Jesús se refiere especificadamente a la «cátedra de Moisés». En esa referencia se ve el origen de la noción católica de la autoridad del obispo cristiano que tiene su cátedra o asiento de autoridad literalmente en su catedral y además de la autoridad del papa cuando habla, como se dice en latín, ex catedra, con autoridad infalible. Hay continuidad entre las estructuras de la antigua Israel y las de la Iglesia, la Nueva Israel.

También tenemos que notar que Jesús les dice a sus oyentes que no llamen a ninguna persona ni padre ni maestro porque solo Dios es nuestro Padre y Maestro. Es una ironía que algunos protestantes usan estas palabras para criticar a los católicos y a otros cristianos que llaman a sus sacerdotes «padre». Es irónico porque los mismos protestantes que hacen tal crítica se acostumbran a llamar a sus pastores «maestros» hasta con el título universitario de «doctor», que quiere decir nada más que maestro en su sentido original que proviene del latín. Parece que ignoran los versos que no les convienen.

Y además podemos apuntar que el mismo san Pablo se refiere a sí mismo como el padre espiritual de Timoteo, su hijo en la fe (1 Timoteo 1:2; compare 1 corintios 4:15). También en la misma carta leída hoy de 1 tesalonicenses, Pablo se refiere a sí mismo como padre de los tesalonicenses (2:11-12). Estas referencias bíblicas nos indican que la polémica contra llamar a los sacerdotes «padre» no tiene fundación. Lo que Jesús actualmente proclama, en el contexto de su ministerio público, es que ahora el pueblo de Israel tiene que reconocer que el guía nuevo y definitivo es «solamente Cristo», el Mesías que viene a ser el «servidor» humilde del pueblo. 

Estas palabras de Jesús son una declaración mesiánica para llamarle la atención dramáticamente a los judíos que aquí está el Mesías que han esperado y que representa al Padre y que es, por eso, el maestro y guía definitivo. Este ejemplo particular de interpretación nos recuerda que atender al contexto bíblico completo de un pasaje específico es esencial en entender la Biblia.

Y ese es el mensajo del Evangelio de hoy: solo Jesús es el Guía. El papa, los obispos, y los sacerdotes son los instrumentos representativos de Jesús del cual viene toda autoridad y verdad. Por eso san Pablo, el padre espiritual de los tesalonicenses, les recuerda a los tesalonicences que les predico no «palabra humana» de un mero maestro, guía, o padre humano, sino la «palabra de Dios».


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23.10.11

Trigésimo Domingo del T.O.: Éxodo 22:20-26; 1 Tesalonicenses 1:5-10; Mateo 22:34-40

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Un tema que se puede encontrar, entre muchos otros temas, en la riqueza de las lecturas de hoy es el tema de la objetividad del bien de las otras personas. En Éxodo, vemos el principio fundamental: no explotes al vulnerable--la viuda, el húerfano, el extranjero, al que le prestas dinero. En la carta paulina, vemos a san Pablo declarar claramente a los tesalonicenses: «Bien saben cómo hemos actuado entre ustedes para su bien».

Este tema de actuar para el bien del otro y de no explotar al otro se resume en la lectura evangélica cuando Jesús nos propone los dos mandamientos en que se fundan la ley y los profetas. Existe Dios, la perfección total de la verdad, lo bueno, y lo bello. No es cosa de sentimiento o emoción. Existe objetivamente el único que es Bueno. 

Y a ese le debemos todo sin excepción: desearlo con todo corazón--quiere decir con todas nuestras intenciones y decisiones más fundamentales, y con toda alma, y con toda mente. Nota que no se excluye la intelectualidad. El cristianismo no es algo anti-intelectual. No podemos abandonar nuestra mente. Dios es la verdad y la sabiduría. Nos llama en forma completamente y totalmente humana: emocionalmente, psycológicamente, e intelectualmente. Nada humano queda afuera.

Entonces viene el otro mandamiento que también se basa en la objetividad, no en el mero sentimiento. Amar al «prójimo como a ti mismo». Cuando una persona se ama a si mismo, busca su bien objetivamente. Es verdad que en muchos casos los defectos psicológicos, la concupiscencia, y la ignorancia nos lleva a dañarnos, pero siempre intentamos buscar lo que creemos ser objetivamente nuestro bien.

Ese criterio ahora se tiene que aplicar a las otras personas. El varón con este criterio no se propone a seducir a la mujer, sino a proponerle la dignidad del matrimonio o la dignidad de la amistad honorable. Los padres no buscan la aprobación de sus hijos, sino asegurar un futuro de verdadera felicidad. Los hermanos mayores se interesan en proteger a sus hermanos menores. El profesor no abusa de sus estudiantes, sino se esfuerza para comunicar efectivamente lo que se ha comprometido a enseñar. El comerciante, el trabajador, el labrador, y el profesional se dedican a servir con calidad sin explotación ninguna. 

Es un criterio con objetividad que se basa en la existencia verdadera de Dios. Podemos mirar al bien de las otras personas porque creemos que existe Él quien es perfectamente Bueno.

Por eso sabemos que en sociedades, familias, y en individuos donde se pierda la creencia en Dios encontramos la maldad sin límites. Se pierde la noción de la objetividad del bien. Entonces el único criterio que queda es el egoísmo y acabamos en comernos como fieras unos a los otros en el relativismo conveniente.

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16.10.11

Vigésimo Noveno Domingo del T.O.: Isaías 45:1, 4-6; 1 Tesalonicenses 1:1-5; Mateo 22:15-21

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En el Evangelio, la simplicidad astuta de la respuesta de Jesús a sus enemigos todavía es asombrante tantos siglos y siglos después: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». En la lectura de Isaías, vemos que es Dios quien permite las conquistas de los reyes. La conquistas romanas se permitieron para tener un ambiente de paz, seguridad, y buenas carreteras en el mundo mediterráneo en cual se difundió rápidamente el evangelio que acabó en conquistar a los mismos conquistadores romanos. Pero no fue solamente cosa de paz, seguridad, y carreteras. Como nos dice san Pablo en la carta a los tesalonicenses, fue por medio del poder del Espíritu Santo, «que produjo en ustedes abundantes frutos».

Con ese panoramo, volvemos a la famosa respuesta de Jesús: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Pero ahora nos damos cuenta que todo lo que tenga el César vino primero de Dios. En realidad, todo es de Dios. César es un mero producto de la providencia de Dios. Por eso, en fin, no hay conflicto entre pagar los impuestos a César y darle todo a Dios. Todo es de Dios-- hasta lo que le pertenece legítimamente al César.
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9.10.11

Vigésimo Octavo Domingo del T.O.: Isaías 25:6-10; Filipenses 4:12-14, 19-20; Mateo 22:1-4

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Hoy quiero comentar sobre el tema de la cooperación con la voluntad de Dios. Somos libres en el sentido que podemos cooperar o rechazar a Dios. Todo lo que pasa en el mundo no es por mano de Dios. La maldad viene de nuestro rechazo de la voluntad de Dios en nuestras vidas y también viene por la influencia del diablo en este mundo. Dios permite la maldad porque nos hizo seres dignos de la libertad, pero Dios no es autor de lo malo. Por eso nuestra cooperación es tan importante. Para que se desenvuelva la voluntad de Dios para nosotros tenemos que cooperar.

En Isaías tenemos la fiesta que el Señor prepará para los que cooperan. Los invitados a la fiesta dicen «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara». Los que llegan a la gran fiesta esperaban en Dios por su salvación. ¿En quién o en qué esperamos nosotros para ser salvados? ¿Esperamos en el dinero o en la fama o en el prestigio? ¿Esperamos en una relación romántica? Los que llegan al banquete esperan en Dios para la salvación.

En su carta a los filipenses, san Pablo dice que el tiene fuerza, sea en pobreza o en abundancia, porque todo lo puede unido a Cristo quien le da la fuerza. Pablo espera solamente en Cristo para sus necesidades.

En el Evangelio, tenemos la parábola de la boda del rey. No hubo la cooperación de los invitados. Quedaron indiferentes a una invitación real. Es asombrante, pero nosotros los humanos tenemos tremenda capacidad para ser indiferentes. A veces uno se tiene que quedar pasmado de como tantos son indiferentes a lo que les conviene, hasta cuando se le ofrece gratuitamente. 

Pero así es la cosa. ¿Porqué tanta indiferencia obstinada y obtusa? Creo que viene de la ilusión que no necesitamos a nada más o a nadie más. Es un tremendo error basado en el orgullo y la arrogancia de ser confiados en nosotros mismos. En verdad necesitamos siempre porque somos tan incompletos. Y él que nos completa es Jesucristo. Sin Cristo no podemos hacer en realidad nada que dure. No debemos rechazar la invitación del Rey.

Y la otra verdad que nos llama la atención en la parábola es que el Rey no mantiene la invitación por siempre. Llega un momento de decisión para todos; y si rechazamos la oportunidad, se invita a otros en nuestro lugar.
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3.10.11

Ahora Escoge Ud. Como Leer el Blog

Ahora hay varias opciones para leer el blog con diferentes vistas. Para encontrar la vista que Ud. prefiere, escoga de las opciones que aparecen hacia arriba: «Classic», «Flipcard», «Magazine», etc.

2.10.11

VIgésimo Septimo Domingo del T.O.: Isaías 5:1-7; Filipenses 4:6-9; Mateo 21:33-43

Tempranillo vines, Clos la Plana vinyard, Pene...Image via WikipediaVea Lecturas Biblícas


En el Evangelio, Jesús repite como parábola esencialmente (no exactamente) lo que se contiene en la lectura de Isaías. En Isaías, el dueño de la viña con la torre y el lagar decide destruirlo todo porque la viña no dio uvas buenas: dio solamente uvas agrias. Se condena al pueblo escogido porque muchos cometieron iniquidades. En la parábola de Jesús también tenemos una viña con una torre y con lagar que acaba en ser juzgada por Dios, pero esta vez no por razón de uvas agrias sino por razón que los viñadores mataron al hijo del dueño de la viña. Pero en fín, en ambas situaciones vino la condenación porque no se respetó a Dios el dueño de las dos viñas.

Aquí se habla del juicio y de la condenación de Dios. Hemos hecho en muchos casos de Jesús una figura de debilidad. Pero en el Evangelio vemos a un Jesús con autoridad que se tiene que respetar y temer porque anuncia el juicio de Dios a los hombres. Obviamente no es cosa de temer a algo malo sino de temer a lo que es perfectamente bueno que exige nuestro respeto, nuestra obediencia, y nuestra reverencia profunda. Jesús se tiene que respetar porque a la misma vez que es perfectamente bueno y compasivo es también omnipotente y exigente y rechaza lo malo. Jesús perdona pero también juzga.

Si queremos evitar ser uvas agrias y viñadores rebeldes, debemos de adaptar nuestras vidas al programa de vida descrita por san Pablo en la carta a los filipenses. El programa de vida del cristiano es presentar a toda necesidad y preoccupación a Dios en la oración con gratitud por todo, sea algo pasado, presente, o futuro. Y se nos promete que ese programa de vida nos quitará la inquietud y nos dará paz en esta vida. Para abandonarnos asi a Dios tenemos que reconocer que la paz de Dios sobrepasa toda nuestra inteligencia. Muchas cosas que nos pasan no entendemos, pero en la entrega total a Dios tendremos la paz. No se tiene que entender todo para recibir la paz de Dios en esta vida. Con fe en la providencia de Dios, seremos uvas buenas y viñadores obedientes al dueño de la viña.
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