28.8.11

Vigésimo Segundo Domingo del T.O.: Jeremías 20:7-9; Romanos 12:1-2; Mateo 16:21-27

The figure of Jeremiah on the Sistine Chapel c...Image via WikipediaVea Lecturas Biblícas


Vemos un panorama de conflicto en las lecturas de hoy. Es un conflicto, se puede decir, entre el instinto natural y prudente de protegerse a si mismo y la llamada del Señor que nos pone en peligro y riesgo. El profeta Jeremías expresa en una manera inolvidable la tensión psicológica. Por una parte tememos ser objeto de burla, pero por otra parte la verdad de la palabra de Dios nos urge a proclamarla. En fin, la burla no importa porque la verdad es tan fuerte que gana.

En el Evangelio, Jesús nos da el secreto de la vida, el secreto que puede resolver la tensión psicológica entre el instinto de preservarse y la llamada radical de Dios. Jesús nos dice que la persona que pierde la vida por Él es precisamente quien la encontrará. San Pablo elabora lo que el Señor nos enseña cuando Pablo nos urge a transformar nuestra manera de pensar para poder distinguir la voluntad de Dios para nuestras vidas. Todo acaba en el abandono total a Dios, un abandono que confía que el Dios que es amor, agape, exige solamente nuestro bien auténtico. Por eso estamos dispuestos a entregarnos a Dios hasta cuando tenemos miedo de las consecuencias.
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21.8.11

Vigésimo Primero Domingo del T.O.: Isaías 22:19-23; Romanos 11:33-36; Mateo 16:13-20

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Hoy se habla del primado de Pedro como líder de la Iglesia universal. En el Evangelio, Jesús claramente celebra la fe de Pedro quien lo confesó como Hijo del Dios viviente. Pero también Jesús claramente apunta a Pedro como el centro de autoridad en la Iglesia. Jesús le da a Pedro «las llaves del Reino de los Cielos». Pero dice más, mucho más: «y lo que ates en la tierra quedará atado en los Cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los Cielos».

Esto de atar y desatar es la manera judía de describir la autoridad. Jesús le da autoridad a Pedro. En la lectura de Isaías vemos esa misma manera judía de hablar de la autoridad dada por Dios a su delegado humano:

«Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá» (Is. 22:22).

No hay duda: Jesús le da especialmente a Pedro la autoridad de pastor universal. Las Escrituras en otros lugares confirman esta prioridad autoritaria de Pedro. El obispo de Roma de hoy ejerce su autoridad como succesor del mismo Pedro por medio del mandato directo de Jesús. Por eso vemos en las comunidades protestantes la confusión de doctrina y hasta de enseñanza moral: no tienen el succesor de Pedro. 

Hasta en las iglesias ortodoxas orientales vemos la falta de claridad en ciertos temas morales que amenazan al cristianismo--temas como las controversias sobre la contracepción. Esa falta de claridad autoritaria surge de no tener al succesor de Pedro.

En Isaías se habla de los «insondables . . . designios e inscrutables . . . caminos» de Dios. En la autoridad del succesor de Pedro, del Papa, vemos el designio insondable y camino inscrutable de Dios que escogió a un hombre débil como Pedro para fundar el centro de autoridad en la Iglesia de Dios. 

Los protestantes rechazan este designio; los ortodoxos orientales lo temen y se han acostumbrado a vivir aparte de esta institución. Pero el primado del obispo de Roma no es idea o costumbre o designio o camino de origen humano: viene de la boca misma de Jesucristo.

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14.8.11

Vigésimo Domingo del T.O.: Isaías 56:1, 6-7; Romanos 11:13-15, 29-32; Mateo 15:21-28

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Un tema obvio de las lecturas de hoy es que el reino de Dios incluye, como dice Isaías, a «todos los pueblos». Se ve este tema cuando Pablo nos habla de la «reconciliación para el mundo», y cuando Jesús en el Evangelio alaba la fe grande y sorprendente de la mujer cananea.

Pero quiero hablar más de un aspecto particular de este tema: como Dios mismo nos sorprende en su providencia. San Pablo habla de como los paganos, los gentiles, que eran los rebeldes contra Dios, alcanzaron la misericordia de Dios. En un mundo pagano profundamente corrupto, Dios encontró a su pueblo. 

Hoy lo sigue haciendo en las vidas de individuos, familias, y pueblos. Nosotros en nuestro pesimismo humano no vemos las posibilidades en cierta gente y en ciertas situaciones. No las vemos porque no miramos con la perspectiva de Dios. De lo mas malo--y hay mucho que es muy malo en el mundo, Dios puede sacar una bondad completamente opuesta a lo esperado. 

El favor, la gracia, de Dios puede hacer todo, aunque nosotros no veamos manera posible. Que nosotros no veamos posibilidad de conversión no es importante. Lo importante es saber que Dios lo puede hacer todo y está lleno de sorpresas que arrebatan nuestras expectaciones y prejuicios.

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7.8.11

Decimonoveno Domingo del T.O.: Reyes 19:9, 11-13; Romanos 9:1-5; Mateo 14:22-33

Jews pray in the Wailing WallImage by Zachi Evenor via FlickrVea Lecturas Biblícas


San Pablo escribe unas palabras muy sorprendentes en la carta a los romanos. Escribe que tiene «una infinita tristeza y un dolor incesante» que hasta «tortura» su corazón. Y después hasta dice que «aceptaría» verse «separado de Cristo». Esa tristeza, esa tortura emocional, y eso de aceptar hasta la separación de Cristo es todo por el hecho que los israelitas, su pueblo, han rechazado al Cristo, el Mesías.

Como Pablo, nosotros los cristianos no podemos contemplar a los judíos como simplemente otra religión mundial, otro pueblo entre muchos pueblos. La religión judía es una verdadera religión: incompleta pero verdadera. Por eso, tenemos como cristianos un lazo especial con los judíos de nuestro día. Por medio de ellos, vino y viene nuestra salvación. Como escribe Pablo, «de su raza, según la carne, nació Cristo». El cristiano favorece a los judíos.

¿Y por qué? Porque Dios se manifestó a ellos. La lectura de Reyes nos da una instancia de una epifanía del Señor--esta vez al profeta Elías. Jesús sería otro Elías que sobrepasaría la manifestación de Dios dada a los profetas con la sorprendente encarnación de Dios en la humanidad de Jesús.

En el Evangelio, Jesús camina sobre el agua y les dice a los discípulos aterrorizados: «Tranquilícense y no teman. Soy yo» (Mt 14:27). Esa frase «Soy yo» en el griego original es simplemente la frase «Yo Soy» (en el griego «ego eimi»). «Yo Soy» es el nombre de Dios, el nombre revelado a Moisés (Éxodo 3:14). Jesús es el mismo Dios de los patriarcas, de Moisés, y de los profetas. Por eso, siempre seremos espiritualmente judíos, como dijo el Papa Pio XII.

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