16.10.11

Vigésimo Noveno Domingo del T.O.: Isaías 45:1, 4-6; 1 Tesalonicenses 1:1-5; Mateo 22:15-21

Bust of the Roman Emperor Tiberius. On display...Image via WikipediaVea Lecturas Biblícas


En el Evangelio, la simplicidad astuta de la respuesta de Jesús a sus enemigos todavía es asombrante tantos siglos y siglos después: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». En la lectura de Isaías, vemos que es Dios quien permite las conquistas de los reyes. La conquistas romanas se permitieron para tener un ambiente de paz, seguridad, y buenas carreteras en el mundo mediterráneo en cual se difundió rápidamente el evangelio que acabó en conquistar a los mismos conquistadores romanos. Pero no fue solamente cosa de paz, seguridad, y carreteras. Como nos dice san Pablo en la carta a los tesalonicenses, fue por medio del poder del Espíritu Santo, «que produjo en ustedes abundantes frutos».

Con ese panoramo, volvemos a la famosa respuesta de Jesús: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Pero ahora nos damos cuenta que todo lo que tenga el César vino primero de Dios. En realidad, todo es de Dios. César es un mero producto de la providencia de Dios. Por eso, en fin, no hay conflicto entre pagar los impuestos a César y darle todo a Dios. Todo es de Dios-- hasta lo que le pertenece legítimamente al César.
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