6.11.11

Trigésima Segunda Semana del T.O.: Sabiduría 6:12-16; 1 Tesalonicenses 4:13-18; Mateo 25:1-13

Bride and groom on the marzipan ring cakeImage by L.C.Nøttaasen via FlickrVea Lecturas Biblícas


La lectura del libro de la Sabiduría nos recuerda cuando Jesús en partes del Evangelio le dice a sus discípulos que oren sin cesar y que lo que ruegan y buscan lo encontrarán (Mateo 7:7-11 y Lucas 11:9-13). La lectura del Viejo Testamento de hoy nos dice que la sabiduría «se deja encontrar por quienes la buscan» y que a encontrarla quedaremos «libre de preocupaciones».

Sabemos que esa sabiduría se encuentra plenamente en Jesús. En el Evangelio de hoy Jesús cuenta la parábola de las diez jóvenes esperando la llegada del esposo. Y nos advierta que estemos preparados para la llegada del esposo porque no sabemos «ni el día ni la hora». Jesús es Sabiduría y nos da sabiduría con este consejo urgente: esten preparados para la llegada del esposo. El Esposo es el mismo Jesús y el banquete de bodas se celebrará cuando Jesús mismo vuelva otra vez. En ese banquete si estaremos completamente libre de preocupaciones como prometió el libro de la Sabiduría.

Tenemos que escuchar y «darle la primacía en los pensamientos»--como aconseja la lectura del Viejo Testamento--a este consejo de Jesús. Jesús se acerca a cada uno de nosotros y vendrá para cada uno de nosotros muy personalmente en el día y en la hora de nuestra muerte. Y como nos damos cuenta, no sabemos ni el día ni la hora de nuestra muerte. Por eso el consejo de Jesús es, como también se dice en la primera lectura, «prudencia consumada». Además Jesús vendrá a juzgar y transformar el mundo entero en su segunda venida cuando todo quedará renovado, cielo y tierra. Obviamente, a los que les toque estar vivos en ese momento tendrán que estar preparados.

En su primera carta a los tesalonicenses, san Pablo repite esta enseñanza de Jesús. En cierto modo, las palabras de Pablo son un comentario inspirado sobre esta parábola de Jesús. San Pablo le asegura a los tesalonicenses que los difuntos tendrán su encuentro con Jesús igual que los que esten vivos en el momento cuando Jesús venga a juzgar al mundo entero. 

Los difuntos «resucitarán primero». En esa resurrección, se completa la promesa del Viejo Testamento que finalmente quedaremos libres de toda preocupación, especialmente la preocupación más terrible, la preocupación sobre la muerte que nos espera. Esa era la preocupación de los tesalonicenses y es también la de nosotros.

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