20.2.11

Séptimo Domingo del T.O.: Levítico 19:1-2, 17-18; 1 Cor. 3:16-23; Mateo 5:38-48

New York - "United Nations - Swords into ...Image by David Paul Ohmer via Flickr
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¡Qué difícil es el tema de este domingo!   Es difícil porque nos requiere que respondemos con amor al enemigo. Pero ahí está en el Evangelio de hoy, alzando lo que ya se enseñaba en el Viejo Testamento en Levítico. En la lectura de San Pablo, vemos el apóstol advirtiendo que la sabiduría del mundo es necedad en los ojos de Dios.

¿Qué podemos concluir? Esto es la sabiduría de Dios--por eso, no podemos ignorarlo. A la misma vez tenemos que aclarar la situación para nuestras mentes. Precisamente tenemos que amar los enemigos para saber corregirlos por su propio bien. Tenemos que amar los enemigos para no gastar nuestras vidas en la venganza inútil. Tenemos que amar los enemigos para siempre estar abierto a un fúturo mejor sin conflicto y temor. Tenemos que decidir no entrar en la lucha de enemigo contra enemigo para vivir para Dios, para lo mejor posible, para disfrutar en paz de todos los dones y todas las oportunidades que hemos recibido y que estamos recibiendo.

Amar al enemigo no es asunto de enamorarse del enemigo. Sería absurdo, y Cristo no es absurdo. Amar al enemigo no es asunto de complacerlo en sus tonterías. Amar al enemigo ni es asunto de sentir atracción por su personalidad o sus valores. Amar al enemigo no es hacer de él un amigo intímo. Amar al enemigo es tener buena voluntad y esperanza de lo mejor para el otro. En realidad es no verlo como enemigo en ninguna manera, pero verlo como otro peregrino en un mundo de confusión y de sufrimiento. Es verlo como nos vemos a nosotros mismos. Ya se ha dicho, y ahora ¡adelante!