6.3.11

Noveno Domingo del T.O.: Deuteronomio 11:18, 26-28,32; Romanos 3:21-25, 28; Mateo 7:21-27

Teneriffa, La Laguna, Real Santuario del Santí...Image via Wikipedia
Vea Lecturas Biblícas

El Señor nos propone (nunca impone) una elección en la lectura deuteronómica. Esa decisión por el mal o el bien proviene de nuestra libertad, que es un don de Dios mismo. (Muchos, especialmente en la tradición protestante hablan de la supuesta elección divina de los que se salvarán; note aquí que esa elección depende en nuestra elección libre entre lo mal y lo bueno. La predestinación es un misterioso conjunto de la actividad misericordiosa de Dios y la libertad del hombre, una libertad dada, primero de todo, por Dios al ser humano.) El cristianismo se trata de libertad: libertad de escoger y vivir y prosperar (no en sentido monetario) y florecer en la libertad de una vida buena.

En la Carta a los Romanos, San Pablo declara que somos justificados por fe en la obra salvífica de Jesucristo. En ese sentido, no somos justificados por las obras--pero es importante leer con más profundidad sin la superficialidad polemica. A profundo, se distingue entre nuestras obras que expresan nuestro orgullo y las obras de Jesucristo. Toda salvación, hasta de los que no son cristianos, depende de esa obra salvadora de Jesucristo en la cruz. Las obras que tienen su origen solamente en nosotros no valen para nada porque no pueden compensar por nuestras traiciones a la verdad de la vida. Pablo no enseña que las obras en sí no tienen importancia. Hay que precisar las obras de quien antes de llegar a conclusiones teológicas.

En el Evangelio de Mateo se hace muy preciso esta distinción entre obras de hombres y obras de Cristo. En el Evangelio, Jesús no reconoce hasta las obras milagrosas o carismáticas de algunos que no surgen de la voluntad del Señor. Hasta las obras que desde el punto de vista exterior parecen ser muy religiosas o piadosas tienen que pasar por la necesidad de originar en la voluntad divina, no en la voluntad del ego humano.

Para concluir, no podemos salvar a nuestras vidas por obras que solamente provienen de nuestro egoísmo humano. La salvación surge de la libre elección del ser humano de las obras que tienen su origen auténtico en Jesús.






No hay comentarios: