6.2.11

Quinto Domingo del T.O.: Isaías 58:7-10; 1 Cor. 2:1-5; Mateo 5:13-16

The midday sunImage by play4smee via Flickr
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Isaías habla en manera casi poética cuando nos dice que «tu oscuridad será como el mediodía». Eso pasará si primero compartimos, si abrimos nuestras casas y nuestras vidas al otro, si vestimos al desnudo, y si no le damos la espalda a nuestros hermanos (nota que en el uso bíblico «hermano» incluye mas, mucho mas, que solamente otro hijo o hija de nuestros mismos padres). 


En el Evangelio, Jesús dice que sus seguidores son como la sal que sana y da sabor a la vida. Somos como la luz que no se puede esconder. Esa luz completa la profecía de Isaías que la oscuridad se convertirá a mediodía. Y san Pablo apunta precisamente la encarnación de la generosidad, la compasión, y la luz que alumbra al mundo: Jesucristo «más aun, . . . Jesucristo crucificado».


Por eso, nosotros los católicos no escondemos el cuerpo torturado de Cristo en la cruz. Tenemos crucifijos, no solamente cruces brillantes sin un cuerpo sufriendo, porque sabemos que es la pasión y el sufrimiento del Cristo crucificado que alumbra al mundo. Él que lee las cartas de san Pablo reconoce claramente que Pablo era católico, muy católico, y se gloriaba solamente en Cristo crucificado y en mostrarlo (Gálatas 6:14).