30.1.11

Cuarto Domingo del T.O.: Sofonías 2:3; 3:12-13; 1 Co. 1:26-31; Mateo 5:1-12

Mistranslation: the horned Moses, by MichelangeloImage via Wikipedia
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En el profeta Sofonías se habla que «los humildes de la tierra» serán protegidos por Dios. San Pablo escribe en la primera carta a los corintios que «Dios ha elegido . . . a los débiles del mundo, para avergonzar a los fuertes». Todo apunta al Evangelio cuando Cristo dice en las bienaventuranzas que «Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra» (Mateo 5:4).

Los mansos no son simplemente los débiles. El erudito escocés William Barclay hizo, hace años, un análisis de la palabra griega (prautes) que se traduce como «los mansos». El concluyó que el manso es también una persona de fuerza. Él notó que las Escrituras llaman a Moisés el hombre más manso o humilde de todos los hombres (Números 12:3). Barclay indica que ese mismo Moisés era un líder fuerte como saben todos que han leído el libro del Éxodo. El mismo Jesús era manso y también de muy fuerte carácter como nos indican los Evangelios en muchas ocasiones.

Barclay nos explica en su libro que el manso es la persona que puede controlar sus pasiones y que sabe cuando se debe de actuar propiamente con ira (Barclay, Flesh and Spirit, p. 120). El manso se controla pero también sabe actuar en una manera decisiva.