19.12.10

Cuarto Domingo de Adviento: Isaías 7:10-14; Romanos 1:1-7; Mateo 1:18-24

The Annuntiation, 1430-1432, by Fra AngelicoImage via Wikipedia
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Lo central en las lecturas de hoy es la concepción virginal de Jesús como descendiente de David. En Isaías, el profeta dice que «la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros» (Is. 7:14).

Aquí viene al tanto una controversia falsa por parte de algunos que tratan de convencernos que la referencia hebrea original (la palabra hebrea «'almah») no es a una virgen sino a una muchacha joven de edad de matrimonio, sea virgen o no virgen, casada o no casada. Pero como dice el comentario en la Nueva Biblia de Jerusalén la traducción tradicional como virgen «es un testimonio de la interpretación judía antigua» de los judios que primeron traducieron sus Escrituras del hebreo al griego en la famosa traducción antigua llamada la Septuaginta. Esa traducción judía occurió antes de la llegada del cristianismo. Por eso, no es asunto de los cristianos tratando de imponer una traducción favorable al relato evangélico sino de una traducción judía que ya existía antes del cristianismo.

En su carta a los romanos, san Pablo advierte al nacimiento de Jesús del linaje de David como cumplimiento de las profecías de las Escrituras que ahora conocemos como el Antiguo Testamento (Rom. 7:2-3). Una de esas profecías era la misma profecía de Isaías en cual una virgen concebirá a un futuro rey del linaje de David. Pablo, indirectamente, se refiere a esta profecía de Isaías.
En el Evangelio, tenemos la historia propia de la concepción virginal de Cristo. Hasta ahora no se ha descubierto referencia en la literatura judía o pagana antigua a una ocurrencia semejante. Existen cuentos de nacimientos milagrosos, pero nunca se relata una concepción virginal sin contacto sexual.

Por eso, la concepción virginal de Jesús afirma dramáticamente la identidad única de Cristo como Dios, aunque la prueba definitiva al mundo entero no fue la concepción virginal sino la resurrección de Cristo de entre los muertos, como afirma san Pablo (Rom. 7:4). Y también se puede concluir que el hecho que no ocurren referencias a la concepción virginal de cualquier otra persona en el mundo antiguo significa que no se puede decir en manera convincente que el testimonio evangélico es un mero invento literario incorporado a la vida de Jesús por influencia de otras fuentes literarias. Como afirma la Iglesia en el Credo, Jesús fue encarnado de la Virgen María.

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