14.11.10

Trigésimo Tercero Domingo del T.O.: Malaquías 3:19-20; 2 Tesalonicenses 3:7-12; Lucas 21:5-19

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En Malaquías y en el Evangelio se habla del «día del Señor», el día de juicio. Tenemos que notar una frase inolvidable en Malaquías referiendose al premio que se dará a «los que temen al Señor». Es una frase que nos pone a pensar en la Hostia consagrada, en la Eucaristía: «brillará el sol de justicia, que les traerá la salvación en sus rayos». Eso es lo que vemos cuando se expone la Hostia en nuestros altares para la adoración eucarísitica. En la Eucaristía, tenemos ya la iniciación de la Segunda Venida de Cristo.

En Lucas, Jesucristo también nos promete en medio de las persecuciones que nos dará «palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes». Cristo otra vez nos aconseja no tener ansiedad y confiar que él nos dará lo que necesitamos.

San Pablo habla duramente a los tesalonicenses que no trabajaban y que pasaban el tiempo «entrometiéndose en todo». Parece que esperando el fin del mundo como inminente, algunos de los tesalonicenses habían abandonado sus responsabilidades. Pablo los llama a vivir vidas ejemplares de trabajo y responsabilidad. Esto nos indica que en el trabajo cotidiano hay un camino verdadero a la santidad que nos completa como seres humanos. Esta es la visión de Juan Pablo II y también de San Josemaría Escrivá, quien fundó la Opus Dei.

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