7.11.10

Trigésimo Segundo Domingo del T.O.: 2 Macabeos 7:1-2, 9-14; 2 Tesalonicenses 2:16-3:5; Lucas 20:27-38

In the Tomb of JesusImage via Wikipedia
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Hoy se afirma claramente la creencia clave de nuestra fe en la resurrección de los muertos. En la lectura de Macabeos, ya se ve esta fe en la resurrección afirmada por los mártires judíos. Esta resurrección no se trata de una creencia meramente en sobrevivir la muerte. Se trata de la resurrección del cuerpo. Uno de los hermanos mártires dice claramente: «De Dios recibí estos miembros . . . y de él espero recobrarlos». Creen en la resurrección del cuerpo, no solamente en la inmortalidad del espíritu.

En Lucas, Jesús corrige a los Saduceos que rechazaban la resurrección de los muertos. Y también nos instruye sobre el matrimonio humano: el matrimonio humano no se encontrará entre los resucitados. El matrimonio humano es meramente una indicación del amor y de la unión con Dios y con los otros fieles que nos espera en la resurrección. La particularidad del matrimonio humano será sustituido por una comunión más amplia y delectable entre los resucitados unidos en Dios.

San Pablo le habla a los tesalonicenses de su «consuelo eterno» y «feliz esperanza» que «los dispongan a toda clase de obras buenas y de buenas palabras». Ese consuelo eterno y esa feliz esperanza es la resurrección. Creer en la resurrección nos anima a una vida de obras buenas y de buenas palabras. No tenemos la desesperación de los que temen la muerte como el fin de la vida. Sabemos, por medio del testimonio apóstolico sobre la Resurrección de Jesucristo, que nos espera una vida más maravillosa que sobrepasa todos los placeres que hemos encontrado y disfrutado en este mundo.

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