22.8.10

Vigésimo Primero Domingo del T.O.: Isaías 66:18-21; Hebreos 12:5-7, 11-13; Lucas 13:22-30

Isaiah Missional Volunteer via Flickr
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Isaías es, en mi opinión, el profeta más cercano al Nuevo Testamento. Hoy leemos su profecía que el Señor enviará algunos «como mensajeros . . . hasta los países más lejanos y las islas más remotas». Esa profecía se ha cumplido. Por eso estamos leyendo sus palabras en castellano.



En el Evangelio de san Lucas, Jesús repite la misma profeciá de la evangelización universal: «Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios». Por eso, llamamos la Iglesia «católica» que significa «universal». La Iglesia es la Nueva Israel que se dirige a todos en todos los rincones del mundo.

Esa evangelización universal o católica sigue. Es una tarea difícil y peligrosa. A veces tenemos la tentación de «ensimismarnos», de retirarnos de la battalla y preocuparnos solamente de los asuntos internos de la Iglesia, asuntos que en algunos casos son graves.



Pero san Pablo nos dice hoy que tenemos que aceptar las correcciones y los sufrimientos como disciplina de un Dios que nos ama. Los problemas internos y las dificultades externas de la Iglesia, incluso las dificultades de la evangelización misionera, son correcciones y oportunidades para crecer en la santidad. Esa santidad es la voluntad de Dios que llegaremos a ser plenamente los humanos que debemos de ser. La santidad es la gloria de Dios. Y como dijo un padre de la Iglesia, «la gloria de Dios es el hombre plenamente vivo».

San Pablo nos aconseja que tenemos que enfrentar las dificultades y seguir caminando «por un camino plano, para que el cojo ya no se tropiece, sino más bien se alivie». Es una frase extraordinaria. La reacción natural de un cojo es retirarse del camino. Es nuestra reacción natural en frente de dificultades y angustia. Pero Pablo nos urge al camino y nos instruye que en caminando seremos aliviados y curados.



Por eso la Iglesia, como siempre en medio de dificultades internas y externas, tiene que seguir el camino católico de la evangelización mundial. Y siguiendo ese camino universal se aliviarán las dificultades.
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