13.6.10

Undécimo Domingo del T.O.: 2 Samuel 12:7-10, 13; Gálatas 2:16, 19-21; Lucas 7:36-50

¡Qué interesante las lecturas de hoy que ponen juntas la historia del pecado de David-- que acabó en el asesinato de Urías para obtener su mujer para David-- con la proclamación en el Nuevo Testamento que somos salvos por fe en Jesucristo! Bueno, David es el antepasado más famoso de Jesús de Nazaret. Jesús es rey de Israel como descendiente del Rey David. Y aquí tenemos al prototipo del rey mesiánico cometiendo un horrible pecado: matar un hombre por lujuria hacia su mujer. ¿Qué nos estará diciendo la Iglesia en poner estas lecturas juntas para este domingo?

Hay que pedirle a Dios la luz, como siempre, para comprender algo de todo esto, especialmente lo que Dios nos está diciendo a cada uno de nosotros. David se arrepienta cuando oye la acusación del profeta Natán. Tenemos que escuchar a los profetas: en las Escrituras y en la vida diaria. Lo que vemos en David es que hasta una persona tan cerca a Dios puede cometer un crimen extraordinario y mantenerse en complacencia. Si le pasó a David, nos puede pasar a nosotros. Por eso es esencial leer la Biblia, orar, y hacer examinación de conciencia--e ir a confesarse. Somos por naturaleza «ciegos» por medio de nuestro egoísmo. Necesitamos muchas oportunidades para obtener la luz del día para nuestros hechos.

Pero Dios, cuando vio el cambio de corazón de David, lo permitió vivir. En las lecturas del Nuevo Testamento para hoy, se habla del descendiente perfecto de David quien murió por cada uno de nosotros. Dios perdonó a David. Ahora, por medio de Jesucristo, el hijo de David, Dios también nos perdona. ¡Qué ironía! El hijo de David con la mujer de Urías era el rey Salomón. Y Jesucristo es descendiente de ese mismo Salomón (vea Mateo 1:6-7). De lo más malo, Dios saca el milagro de la salvación. Es un misterio profundo. No se va explicar aquí. Pero, como dice un sacerdote que conozco, si se puede decir, por lo menos, definitivamente que tenemos un Dios que le gusta con pasión buscar manera de salvarnos, las maneras más inesperadas y sorprendentes. Por eso, se nos exige la fe de plena confianza en el Dios que ama salvarnos. Amén.

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