18.4.10

Tercer Domingo de Pascua: Hechos 5:27-32, 40-41; Apocalipsis 5:11-14; Juan 21:1-19

¡Qué diferencia! Después de la resurrección, los apóstoles no pueden ser manipulados por el miedo. En la lectura de los Hechos, desafían a las autoridades que quieren callarlos. Hoy en día en norteamérica hay muchos sacerdotes y obispos que se quedan callados por miedo a los políticos poderosos. Por ejemplo, hay muchos políticos que se autoidentifican como católicos pero que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre el crimen del aborto, y todavía, escandalosamente, se presentan para comulgar. Algunos obispos han dicho lo obvio: al que no debe de comulgar, no se le debe dar la comunión. Pero muchos otros se han quedado callados. No tienen el don de fortaleza que viene del Espíritu Santo. Por eso muchos de nosotros que somos laicos estamos por necesidad gritando la verdad.

En la segunda lectura, el Apóstol san Juan ve a los ángeles y a todas las creaturas en el cielo alabando a Cristo que recibió todo poder de la mano de Dios. Esa es la realidad. Cristo es el jefe, no los políticos.

En el Evangelio, Jesús habla a los apóstoles, especialmente a Pedro como líder de los apóstoles. Jesús le indica que cuando lo obedecen se llenará la red de pescados. ¿Cúal es la solución a la necesidad de evangelizar? Que los líderes de la Iglesia obedezcan a Cristo y que no temen a los poderosos del mundo. Jesús le pregunta tres veces a Pedro si ama a Jesús. Cada vez que Pedro responde afirmativamente, Jesús le indica su deber: «Apacienta mis corderos», «Pastorea mis ovejas», «Sígueme». Esas son las ordenes vigentes a los obispos de hoy.