26.4.09

Tercer Domingo de Pascua: Hechos 3:13-15, 17-19; 1 Juan 2:1-5; Lucas 24:35-48

Dos puntos me saltan de estas lecturas. El primer punto es la realidad corporal del Cristo resucitado. Esta realidad se ve también en el encuentro dramático del apóstol Tomas con el Jesús resucitado cuando Tomás ve las heridas de Jesús y cree. También se ve la realidad corporal del Cristo resucitado cuando Pedro les explica a sus oyentes que la tumba de Jesús está vacía en contraste con la tumba de David cuyo cuerpo vio la corrupción (Hechos 2:29-32). Aquí tenemos en Lucas otro testimonio claro a la realidad corporal del cuerpo resucitado de Cristo. Entra Jesús a donde están reunidos los discípulos y les informa que él no es un fantasma: es en realidad una persona con carne y hueso (Lucas 24:36-43). Y para ponerlo clarissimo, Jesús acaba pidiéndoles algo de comer y comiendo un «trozo de pescado». Tengan estos pasajes bíblicos en la mente cuando oigan mentiras sobre la Resurrección de Cristo.

El segundo punto es que la muerte de Cristo no fue por accidente. Fue parte de la intención de Dios para salvarnos. Las otras lecturas de hoy hablan muy claras como la ignorancia de los que mataron a Jesús Dios nos trajo la salvación. Hay otra mentira moderna que dice que la muerte de Jesús no fue la voluntad de Dios. Eso es herejía. Dios usa hasta lo más malo que hacen los hombres para el bien de su pueblo. La muerte de Jesús es el ejemplo clave. Y la victoria del Dios que controla la realidad y el mundo se ve claramente en la resurrección corporal de Jesús, una resurrección que nostros también vamos a compartir plenamente en el futuro.

19.4.09

Segundo Domingo de Pascua: Hechos 4:32-35; 1 Juan 5:1-6: Juan 20:19-31

Tenemos hoy un «catecismo pequeño» de lo esencial de la fe cristiana. No se dejen engañar de los que dicen que las doctrinas céntricas del cristianismo no se pueden encontrar en el Nuevo Testamento. Ahí están muy claras para los que tienen ojos para ver y oídos para oir.

En la primera lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles se describe la actividad de los apóstoles en una manera muy simple y directa: «los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús». El Evangelio es, esencialmente, dar testimonio que Jesús es el Señor que resucitó. Si no se predica eso, no se predica nada. Sin la resurrección histórica de Jesús, estamos hablando mitología falsa que no vale la pena.

En la primera carta de San Juan, tenemos la doctrina de la Trinidad:

1.) Jesús es el Hijo de Dios:

2.) Si Jesús es Hijo, Dios es el Padre;

3.) El Espíritu testifica a esta verdad.

Ahí tenemos sin complicación la Trinidad: Dios Padre, Jesús el Hijo, y el Espíritu Santo. Tratar de entenderlo es complicado. Pero el hecho actual de la revelación es algo directo y simple.

En el Evangelio, tenemos la definición de la Resurrección: el Jesús resucitado posee el mismo cuerpo cuyo manos y costado fueron torturados en la cruz. No es asunto de una resurrección meramente espiritual. Es una resurrección CORPORAL Y FÍSICA. El cuerpo muerto fue transformado y no se quedó atrás en la tumba. Por eso como Tomás, decimos «¡Señor mío y Dios mío!» El Hijo de Dios Padre es también Dios. La Trinidad se revela sin duda en el Nuevo Testamento, igual que se revela la Resurrección Corporal de Jesucristo. Eso es lo esencial de la doctrina cristiana. No deje que nadie trate de engañarte o causarte confusión sobre esta realidad.




12.4.09

Domingo de Pascua: Hechos de los Apóstoles 10:34, 37-43; Colosenses 3:1-4; Juan 20:1-9

Otra Pascua y tenemos el hecho histórico inolvidable: la tumba estaba vacía. Como dijo María Magdalena: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto». Paren ahí. Si la tumba no hubiera estado vacía, yo no sería ni cristiano ni católico. San Pablo está de acuerdo: «Y si no resucitó Cristo, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados» (1 Corintios 15:14). Hoy muchos quieren engañar con la mentira que la tumba vacía no es un hecho importante o esencial a la fe cristiana. Es una gran mentira del diablo. Tenemos esperanza solamente porque Jesús resucitó de entre los muertos: el mismo cuerpo que estuvo solitariamente en esa tumba fue transformado en un cuerpo glorioso que mantuvo los rasgos de su tortura. Por eso sabemos que ese mismo Jesús es Dios. Por eso rezamos a él. Por eso lo adoramos. También por eso cuenta mucho lo que hacemos con nuestros cuerpos porque nuestros cuerpos también, como dice la segunda lectura, se manifestarán gloriosos. Noten en la primera lectura como la predicación de Pedro tiene como punto clave el hecho que, al tercer día, Dios resucitó a Jesús y concedió que testigos lo vieran. Hoy en la Iglesia Católica, el Papa, como sucesor del mismo Pedro, predica precisamente lo mismo que predicó Pedro. No se puede hacer el mismo comentario sobre algunas otras comunidades que se llaman supuestamente «cristianas».

5.4.09

Domingo de Ramos (De la Pasión del Señor): Mateo 21:1-11 (Entrada); Isaías 50:4-7; Filipenses 2:6-11; Mateo 26:14-27:66

El Evangelio principal de hoy no trata de la entrada a Jerusalén con los ramos, sino con la Pasión de Cristo. Esa Pasión es una llamada a cada uno de nosotros a estirar nuestros brazos entre la tierra y el cielo en imitación de Cristo con sus brazos abiertos en la cruz. Es una llamada a un abandono total a la voluntad de Dios para nuestras vidas. Vimos ese abandono total en la vida del Papa Juan Pablo II que muestra su devoción a María con la frase en latín Totus Tuus («Todo Tuyo»). Nosotros también decimos, en imitación de María y de Jesús, en abandono total a la voluntad de Dios para cada uno de nosotros: Totus Tuus.