15.11.09

Trigésimo Tercero Domingo del T.O.: Daniel 12:1-3; Hebreos 10:11-14, 18; Marcos 13:24-32

En el Evangelio, Jesús dice que "no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla». ¿Qué es el «todo esto» a que se refiere? En la primera parte de la lectura, Jesús usa palabras de estilo apocalíptico para describir el gran acontecimiento. Al primer paso, el lector piensa primero en el fin del mundo cuando viene el juicio final. Pero después de considerarlo mejor con todos los datos bíblicos en mente, vemos que Jesús mismo parece tener en mente un panorama más grande que incluye más que un solo punto al final de la historia del mundo viejo. Jesús se refiere a la caída y destrucción del Templo de Jerusalén por los romanos en el año 70 D.C. Eso es la catástrophe que esa generación, que escuchaba el discurso de Jesús en el Evangelio, vió. Pero esa catástrophe es parte del inicio de un proceso que vivimos ahora y que acabará con el Hijo viniendo por segunda vez «sobre las nubes con gran poder y majestad». Jesús nos da un vistazo panorámico de muchos siglos en un solo discurso. Nosotros hoy somos parte de ese proceso histórico. La carta paulina a los hebreos confirma esta interpretación que lo que «esta generación», que escuchaba el discurso de Jesús, iba a ver era la destrucción del Templo de Jerusalén. En la carta a los hebreos, se ve que los sacrificios del templo ya los acabó Cristo con el sacrificio perfecto y final de la cruz. Por eso, el Templo de Jerusalén fue destruido: ya no se necesitaba. Y Jesús ascendió a sentarse «a la derecha de Dios», en posición de autoridad plena sobre sus enemigos. El mismo estilo e idioma apocalíptico se ve en la lectura del profeta Daniel. En la lectura de Daniel se habla del juicio final acompañado por la resurrección de los muertos. El proceso apocalíptico que se finaliza en el juicio final empezó cuando Jesús se ofreció como el sacrificio perfecto y final en la cruz, cuando resucitó de entre los muertos, y cuando ascendió a sentarse a la derecha de Dios. Este mismo proceso apocalíptico continuó con la destrucción del templo en el año 70 y continua ahora cuando esperamos el juicio final. En otra lectura famosa del profeta Daniel en el capitulo 7, vemos estas palabras: «Yo seguía mirando, y en la visión nocturna vi venir sobre las nubes del cielo alguien parecido a un ser humano, que se dirigió hacia el anciano y fue presentado ante él. Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido» (Daniel 7:13-14; Nueva Biblia de Jerusalén; énfasis añadido). Ese «alguien parecido a un ser humano» fue Jesús ascendiendo al Padre («el anciano») después de su Resurrección y también será Jesús cuando acabe el juicio final. Vemos entonces que en el discurso apocalíptico de Jesús en el capitulo 13 de San Marcos tenemos que adaptar una interpretación panorámica que considera la apocalipsis como un proceso largo que empieza con el sacrificio perfecto de Jesús en la cruz, un mismo hecho apocalíptico, que hizo del Templo de Jerusalén, destruido en el año 70 D.C., algo ya no necesario en el plan de la salvación.

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