6.9.09

Vigésimo Tercer Domingo del T.O.: Isaías 35:4-7; Santiago 2:1-5; Marcos 7:31-37

En estas lecturas tenemos que notar que hay por lo menos dos niveles de sentido: el literal y el simbólico. En Isaías y también en el Evangelio, vemos a la curación milagrosa. En Isaías, tenemos a los ciegos viendo, los sordos oyendo, los cojos saltando, y los mudos cantando. En el Evangelio, Jesús cura al hombre sordo y tartamudo. Acaba el hombre hablando sin dificultad. Pero también hay la curación milgarosa de las almas en Isaías: al tímido se le da animo. Se quita el miedo: esta es la curación más fundamental que todos necesitamos sin distinción de salud física. Estos son los sentidos literales: Dios verdaderamente cura a los enfermos en cuerpo y en alma. Tenemos que hoy rogarle a Dios con persistencia para la curación de las enfermedades e incapacidades físicas y psycológicas con una fe audaz pero siempre invocando que se cumple la voluntad de Dios como hizo Jesús mismo en las horas antes de su muerte. (Hasta algunos cristianos dan la recomendación que el cristiano primero le debe pedir a Dios iluminación para saber si la curación física es la voluntad de Dios en un caso particular.)

El nivel simbólico está presente cuando en Isaías se habla del agua en el desierto, torrentes en la estepa, y manantiales en el desierto.(Aunque también se puede ver hasta aquí un sentido literal cuando contemplamos que en la Israel de hoy hay tanto desarrollo en la agricultura en una zona tan árida.) En el Nuevo Testamento, el Espíritu Santo que nos da Cristo es una fuente de agua viva que surge en nuestras almas: convierte el desierto de nuestra desesperación y de nuestras ansiedades en la alegría de caminar en el Espíritu Santo que confiesa Cristo como Señor. Igualmente, Jesús nos quita nuestra condición de sordos espirituales y nos da lenguas que pueden comunicar claramente el sentido verdadero de nuestras vidas y de toda vida humana.

En la carta de Santiago, se condena el favoritismo al rico sobre el pobre, se rechaza los criterios falsos de la dignidad humana. Dios llena a los pobres, los que no tienen orgullo o prestigio humano, con sus bendiciones como dijo nuestra Madre María en el Evangelio de San Lucas. Por eso, no podemos ir contra de Dios mismo y favorecer a los ricos solo porque son ricos en dinero y prestigio social. El rico está en peligro de su vida porque sus posesiones lo amenazan con esclavitud e idolatría. El pobre no tiene remedio que tirarse a las manos de Dios y por eso es espiritualmente privilegiado comparado con el rico. Aquí hay una curación espiritual: Santiago nos quiere liberar de ser ciegos a la condición verdadera de los hombres para conocer que las riquezas materiales no definen la dignidad humana. Por eso en muchos países ricos hay tanta falta de dignidad humana y tantas cosas gravemente vergonzosas en la conducta. Esos países ricos tienen mucho que aprender de los inmigrantes pobres que les llegan a sus tierras con más sanas ideas sobre el honor personal.

Hay curaciones en todas las partes de estas lecturas y hay niveles simbólicos en algunas de las frases que leemos. Señor, abre los ojos de nuestros corazones para ver nuestras enfermedades verdaderas y no vivir en una maner que no es auténticamente ni humana y ni sana.

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