31.5.09

Domingo de Pentecocostés: Hechos 2:1-11; 1 Corintios 12:3-7, 12-13; Juan 20:19-23

En Pentecostés, como en la Resurrección de Cristo, tenemos un evento histórico. En la Resurrección tuvimos la tumba vacía y las manifestaciones del Jesús resucitado. Precisamente en el Evangelio de hoy tenemos otra apariencia del Jesús resucitado. En Pentecostés tenemos un ruido que se oyó por muchos peregrinos judíos de varios paises que fueron «en masa» a donde estaban los discípulos. Y ahí los peregrinos a Jerusalén oyeron sus diferentes idiomas. No fue algo escondido: fue un evento histórico igual como la Resurrección de Cristo lo fue.

El cristianismo es manifestación del poder de Dios en esos tiempos igual que hoy. San Pablo nos dice en la primera carta a los corintios que «a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu». Eso se aplica también a los cristianos de hoy. En ningún lugar en el Nuevo Testamento se nos indica que las manifestaciones del Espíritu Santo son solamente para la iglesia primitiva. Al contrario, el Nuevo Testamento nos comunica la misma promesa del Espíritu a los cristianos actuales del presente.

En el Evangelio, se une la Resurrección de Cristo con el don del Espíritu Santo transmitido a los apóstoles, especificadamente el poder de perdonar los pecados, un poder que se conserva en el Sacramento de la Reconciliación que la Iglesia Católica le sigue ofreciendo a los cristianos de hoy. Igual como la Resurrección de Cristo fue una manifestación histórica en las apariencias del Jesús resucitado, también el Espíritu Santo se manifiesta en formas concretas en la historia. Cristo ascendió a su Padre, pero el Espíritu sigue manifestándose hasta hoy en día.

Si no esperamos manifestaciones concretas del Espíritu Santo en nuestra experiencia no tenemos la mente de Cristo, no tenemos la mente de San Pablo y de los otros apóstoles. Nosotros los católicos somos los pentecostales originales y tenemos que serlo hoy más que nunca en una forma muy pública y audaz. Esperen las manifestaciones del Espíritu Santo, ruegen por esas manifestaciones en nuestras vidas porque ser católico es ser en el sentido más hondo un verdadero cristiano pentecostal.