22.2.09

Séptimo Domingo del T.O.: Isaías 43:18-19, 21-22, 24-25; 2 Corintios 1:18-22; Marcos 2:1-12

Estas son lecturas poderosas. El que perdona a Israel es Dios mismo, como se lee en Isaías. Y en el Evangelio es Jesús quien explícitamente le perdona los pecados al paralítico. La conclusión es obvia y fue obvia para los oyentes de Jesús: este hombre tiene que ser Dios si se atreve a perdonar los pecados contra Dios. Pero Jesús hace mucho más: usando las palabras de Isaías podemos decir que hasta abre caminos en el desierto de la enfermedad y del sufrimiento cuando cura al paralítico. Jesús hace correr «los ríos en la tierra árida». En Jesús, el Padre realiza algo nuevo. Todo lo descrito en la lectura de Isaías se cumple con Jesús. Por eso, San Pablo anuncia, en una frase tan brillosamente bella, la verdad sobre Jesús: Todo él es un «sí».

Jesús dice «sí» a todos nuestros deseos de ser curados, de tener esperanza, de realizar algo nuevo en el desierto de la desilusión, del sufrimiento, y de la confusión. ¿Por qué somos cristianos? Porque Jesús es todo un «sí». Pero para conocer esta cosa nueva tenemos que presentarnos como se presentó el paralítico. Sus amigos lo llevaron a Jesús aunque habían obstáculos. Hoy en día nuestros verdaderos amigos, los que tenemos aquí en la tierra y los santos en el cielo, son los que nos ayudan llegar al pie de Jesús para recibir un «sí» que nadie más puede pronunciar.