8.2.09

Quinto Domingo del T.O.: Job 7:1-4, 6-7; 1 Cor. 9:16-19, 22-23; Marcos 1:29-39

«Todos te andan buscando.» Así le dicen los díscipulos a Jesús. Le llevaban todos los enfermos y poseídos del demonio. Job en la primera lectura está en una condición desesperada, agotado por el diablo y enfermo en cuerpo y alma. En Job, vemos dramáticamente la desesperación de todos nosotros aparte de Cristo. Pero en el Evangelio, viene Jesús. Cuando la suegra de Simón Pedro se enfermó, ¿qué hicieron? Le avisaron a Jesús. Cuando tu estas desesperado o enfermo, avísale a Jesús. No hay otra solución. Somos de cierto modo hermanos y hermanas de Job: estamos desesperados en uno u otro tiempo. En ese momento tenemos que llamar a Jesús.

En su carta, San Pablo emocionalmente le afirma a los corintios su inhabilidad de cesar a predicar el Evangelio: «Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también en sus bienes». Pablo conocía a Jesús intimamente. Por eso no podía parar de anunciar el Evangelio. El Evangelio es la solución para Job y para nosotros en todas las circunstancias. La solución no se puede esconder o guardar. Tenemos que tener la audacia de Pablo, y la tendremos si conocemos personalmente lo que Jesús puede hacer por nosotros en cualquier situación.

1 comentario:

Apologética dijo...

saludos en la luz