30.3.08

Domingo de la Divina Misericordia: Hechos 2:42-47; 1 Pedro 1:3-9; Juan 20:19-31

Juan Pablo el Grande escribió en 1980 que la misericordia es la fuente verdadera de la justicia. La misericordia es la generosidad que viene del corazón, una generosidad que nos debemos unos a otros en una justicia auténtica. En la lectura de los Hechos de los Apóstoles, vemos que los primeros cristianos compartían todas sus posesiones en generosidad total y que se reunían «con alegría y sencillez de corazón». En la primera carta de Pedro, leemos que la gran misericordia de Dios se manifestó en Cristo. En el Evangelio, vemos al Jesús resucitado en un gesto de misericordia enseñando su cuerpo transformado a Tomás para quitarle sus dudas sobre la Resurrección de Jesús. Eso es misericordia: la generosidad que surge del corazón para acudir al otro. Juan Pablo el Grande tenía esa generosidad, ese gran corazón, esa auténtica justicia: Totus Tuus ("Todo Tuyo").

23.3.08

Domingo de Resurrección: Hechos 10:34, 37-43; Colosenses 3:1-4; 1 Corintios 5:6-8; Juan 20:1-9

En la lectura de los Hechos de los Apóstoles vemos la realidad de la Resurrección de Cristo: no era la vuelta de un mero fantasma o espíritu, pero una resurrección corporal y verdadera. Pedro dice en su sermón «que hemos comido y bebido con él después de que resucitó de entre los muertos». No se come y bebe con un fantasma o con una mera visión. Se come y se bebe con un Jesús que ha vuelto con su cuerpo propio, un cuerpo verdadero, pero ahora inmortal y transformado en gloria.

Esto no fue invento. El Evangelio nos dice que los apóstoles Pedro y Juan «hasta entonces [hasta el momento de ver la tumba vacía] no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos». Fueron sorprendidos. No inventaron nada. No esperaban la Resurrección. Fueron convencidos por la tumba vacía y por sus encuentros con el Jesús resucitado que comió y bebió con ellos.

Pero hay mas. San Pablo escribe en la Carta a los Colosenses que en el momento de nuestra conversión y bautismo hemos resucitado con Cristo. En el momento de nuestro bautismo ya empieza la transformación que acaba y que se completa en la resurrección de nuestros cuerpos cuando Jesús vuelva por segunda vez y cuando nosotros también nos manifestaremos gloriosos. Y en la lectura de 1 Corintios, nos recuerda también que esta realidad nos exige a abandonar la mentalidad vieja.

16.3.08

Domingo de Ramos (De la Pasión del Señor): Mateo 21:1-11 (Entrada); Isaías 50:4-7; Filipenses 2:6-11; Mateo 26:14-27:66

El Evangelio principal de hoy no trata de la entrada a Jerusalén con los ramos, sino con la Pasión de Cristo. Esa Pasión es una llamada a cada uno de nosotros a estirar nuestros brazos entre la tierra y el cielo en imitación de Cristo con sus brazos abiertos en la cruz. Es una llamada a un abandono total a la voluntad de Dios para nuestras vidas. Vimos ese abandono total en la vida del Papa Juan Pablo II que muestra su devoción a María con la frase en latín Totus Tuus («Todo Tuyo»). Nosotros también decimos, en imitación de María y de Jesús, en abandono total a la voluntad de Dios para cada uno de nosotros: Totus Tuus.

9.3.08

5o Domingo de Cuaresma: Ezequiel 37:12-14; Romanos 8:8-11; Juan 11:1-45

Anticipamos la celebración de Pascua con estas lecturas sobre la resurrección. En Ezekiel, vemos que ya existía en Israel la esperanza de la resurrección de los muertos «por obra» del Espíritu Santo. En Romanos, san Pablo le dice a los cristianos que ya habita el Espíritu Santo en ellos, pero que en el futuro ese mismo Espíritu nos resucitará de entre los muertos. En el Evangelio, Jesús vuelve a la vida el cuerpo muerto de su amigo Lázaro. Este milagro no es precisamente lo mismo que la resurrección porque Lázaro volvería a morir otra vez en el futuro. En la resurrección no moriremos otra vez. Pero, de todos modos, el milagro de Lázaro apunta a la resurrección de Cristo y de todos nosotros--es una anticipación imperfecta de la resurrección de los muertos que destruye la muerte por siempre.

2.3.08

4o Domingo de Cuaresma: 1 Samuel 16:1b, 6-7, 10-13a; Efesios 5:8-14; Juan 9:1-41

Las lecturas de hoy tienen un tema sacramental. Cuando el profeta Samuel ungió a David, el Espíritu de Dios reposó en David. Cuando Jesús le puso lodo en los ojos del hombre ciego y cuando el ciego se lavó en el agua, el ciego comenzó a ver. San Pablo describe la transformación del convertido que sale de las tinieblas y entra en la luz. Pablo exhorta a sus oyentes que se levanten de entre los muertos para que Cristo sea su luz. En Romanos 6, Pablo describe esta misma transformación por medio del bautismo en cual morimos, somos enterrados, y resucitamos como Cristo cuando descendemos en las aguas del bautismo y cuando salimos de esas mismas aguas. Dios nos cura por medio de gestos materiales. Dios trabaja por medios sacramentales. No se puede ignorar. El tema sacramental es un tema bíblico. No fue inventado siglos después.