9.11.08

Dedicación de la Basílica de Letrán (Fiesta): Ezequiel 47:1-2, 8-9, 12; I Corintios 3:9-11, 16-17; Juan 2:13-22

Se habla en cada lectura de hoy del Templo, del Santuario de Dios. En la lectura del Viejo Testamento, se habla del Templo de Dios revelado al profeta. En la lectura de San Pablo, se declara que cada cristiano es templo del Espíritu Santo. En el Evangelio, Jesús declara que su proprio cuerpo es el Santuario de Dios.

El Templo descrito por el profeta produce agua que nos da árboles con fruta y con hojas que son medicinal. Igualmente el Espíritu Santo es un torrente, un río, de Dios que nos alimenta y nos sana. Con el Espíritu, cada cristiano es un templo que contiene ese río sanador y que nos alimenta. En el Evangelio, vemos que el Espíritu es el espíritu de Cristo que vive en Su cuerpo, el nuevo Templo del Dios Padre. Como cristianos somos parte de ese Templo-Cuerpo de Jesus y compartimos Su mismo Espíritu. Vemos como las Escrituras se comentan y se iluminan unas a otras. Al final de todo, tenemos que contemplar en oración serena estas verdades misteriosas: Jesús es el Nueve Templo que nos da el Espíritu Santo que nos convierte a cada uno de nosotros en templos del mismo Espíritu.

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