21.9.08

Vigésimo Quinto Domingo del T.O.: Isaías 55:6-9; Filipenses 1:20-24, 27; Mateo 20:1-6

Dios dice en Isaías que sus pensamientos no son nuestros y que sus caminos no son nuestros. También dice que como los cielos aventajan a la tierra, así aventajan sus caminos a los caminos de nosotros. Tenemos que reconocer que en la vida hay mucho que no entendemos. Por la gracia de Dios, es posible entender más y más los acontecimientos de la vida. Pero a veces esa comprensión viene después que pasa cierto tiempo, sea largo o corto. Y a veces no vamos a entender hasta que hemos muerto y veamos a Dios cara a cara.

San Pablo mismo admite que no sabe si debe de elegir morir para estar con Cristo o seguir viviendo para el beneficio de los filipenses. ¡Pablo, tan cerca al Señor, no sabe que elegir o desear! No es sorpresa que nosotros también no sabemos que pensar sobre nuestras vidas. Pero Pablo no se queda ansioso o miedoso. Pabla sabe que sea por su vida o por su muerte, «Cristo sera glorificado en mí».

En el Evangelio, Jesús explica la parábola del propietario que le pagó la misma cantidad de dinero a los trabajadores más recientes que trabajaron poco tiempo que le dió a los trabajadores que trabajaron el día entero. Otra sorpresa de Dios. Dios no se lleva por lo que nosotros creemos necesario. Dios en su misercordia, favor, y bondad es generoso en una manera a veces inexplicable a los humanos.

El impacto de estas lecturas es llamarnos a la humildad intelectual: entendemos poco y muchas veces entendemos mal. Nuestro Dios es un Dios de sorpresas en las vidas de los individuos. No es un Dios que se puede controlar o manipular. La vida es una verdadera aventura, y él que dirige la aventura es Dios.

No hay comentarios: