17.8.08

Vigésimo Domingo del T.O.: Isaías 56:1, 6-7; Romanos 11:13-15, 29-32; Mateo 15:21-28

Un tema obvio de las lecturas de hoy es que el reino de Dios incluye, como dice Isaías, a «todos los pueblos». Se ve este tema cuando Pablo nos habla de la «reconciliación para el mundo», y Jesús en el Evangelio alaba la fe grande y sorprendente de la mujer cananea.

Pero quiero hablar más de un aspecto particular de este tema: como Dios mismo nos sorprende en su providencia. San Pablo habla de como los paganos, los gentiles, que eran los rebeldes contra Dios, alcanzaron la misericordia de Dios. En un mundo pagano profundamente corrupto, Dios encontró a su pueblo. Hoy lo sigue haciendo en las vidas de individuos, familias, y pueblos. Nosotros en nuestro pesimismo humano no vemos las posibilidades en cierta gente y en ciertas situaciones. No las vemos porque no miramos con la perspectiva de Dios. De lo mas malo--y hay mucho que es muy malo en el mundo, Dios puede sacar una bondad completamente opuesta a lo esperado. El favor, la gracia, de Dios puede hacer todo, aunque nosotros no veamos manera posible. Que nosotros no veamos posibilidad de conversión no es importante. Lo importante es saber que Dios lo puede hacer todo y está lleno de sorpresas que arrebatan nuestras expectaciones.