29.6.08

San Pedro y San Pablo, Apóstoles: Hechos 12:1-11; 2 Timoteo 4:6-8, 17-18; Mateo 16:13-19

Vemos a Pedro en la cárcel en la lectura de los Hechos. Pero la comunidad cristiana persiste en la oración que acaba en un angel llegando a liberar a Pedro. Aquí vemos el misterio de como trabaja el Señor: por medio de lo que podemos llamar «las causas secundarias». Por este término, quiero decir que el Señor obra por medio de nosotros en muchas ocasiones, especialmente por medio de nuestras oraciones. Sí, el Señor puede actuar directamente sin nuestras oraciones. Pero el misterio de su amor a nuestra libertad, de su amor que desea incitar nuestro amor recíproco, le encanta obrar por medio de nuestras oraciones. El pueblo oró y Pedro salió. Todavía pasa hoy: el pueblo ora y Dios se manifiesta en sanaciones, en una efusión nueva de la paz y alegría del Espíritu Santo. Muchos lo hemos visto hoy en día y lo estamos viendo. Hablo de lo que he visto. Por esta razón, cuando ves surgir el inicio de cualquier problem o angustia: ora, ora, ora, para que se manifiesta el Señor que le encanta actuar por invitación y no por fuerza y compulsión.

En la lectura de Timoteo, Pablo también testifica a la asistencia del Señor en su ministerio apóstolico:

«el Señor me asistió y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles. Y fui librado de la boca del león».

Este es el mismo Pablo que le dijo a la gente que oren sin cesar.

En Mateo 16, tenemos esta declaración clave para la vida de la Iglesia de Cristo:

«Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.»

Aquí está el origen del ministerio petrino, el ministerio del obispo de Roma, el ministerio del Papa. Otra vez, vemos el misterio de las obras del Señor: puede actuar directamente pero escoge en su soberana libertad actuar por medio de seres humanos. Escoge gobernar su Iglesia universal por medio del papado como escogió difundir su Evangelio por todo el mundo del Imperio Romano por medio de la energía y personalidad muy particular de san Pablo. El Señor nos invita a cooperación con Él--es la marca de un ser que es en sí mismo Amor, que busca una relación personal con cada uno de nosotros para difundir su reino.

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