22.6.08

Duodécimo Domingo del T.O.: Jeremías 20:10-13; Romanos 5:12-15; Mateo 10:26-33

Vamos a estudiar el tema del escándalo que se encuentra en las lecturas de hoy. Los enemigos del profeta Jeremías quieren denunciarlo y espiaban sus pasos para ver si tropezaba y si se caía. Buscan el escándalo contra el profeta. Al notar esta amenaza, el profeta se pone plenamente, con confianza total, en las manos del «Señor de los ejércitos». Aquí podemos notar como se inicia el escándalo: la persona pierde fe en Dios y en su providencia. La persona, en alguna desesperación, busca una solución a su ansiedad, por ejemplo, como robar dinero o cometer un delito sexual. Y sus enemigos lo descubrirán con alegría.

En el Evangelio, Jesús repite la solución al escándalo precipitado por la ansiedad y la desesperación personal: «Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo». Tenemos que hacer un acto de abandono a la providencia de nuestro Dios, un Dios de misericordia y de providencia personal. En ese abandono diario, y hasta de cada hora, perdemos el miedo y la desesperación de buscar una solución en lo malo. Cuantos hubieran evitado tantos fracasos personales y escándalos personales si hubieron entregado todas sus ansiedades a Dios. Al desconfiar en Dios se destruyeron. Y por eso vemos muchos todavía recorriendo el mundo que son como fantasmas robados de la vida abundante por medio de los errores de la desesperación y la desconfianza.

¿Porqué pasa todo esto tantas veces? Como dice san Pablo, por un solo hombre, Adán, entró el pecado al mundo: un pecado, una herida, original que es la condicíon de todo lo humano. El realismo reconoce esa herida profunda e inevitable y sabe que tiene que buscar una solución que es tan profunda como la herida. Esa solución es «el don de un solo hombre, Jesucristo, [por cual] se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios».