11.5.08

Pentecostés: Hechos 2:1-11; 1 Corintios 12:3-7, 12-13; Juan 20:19-23

El Espíritu Santo cayó en los discípulos en Pentecostés. En el medio de ellos, estuvo la primera que muchos años anterior había tenido la experiencia más intima del Espíritu Santo concedida a un mero ser humano, en toda la historia de la humanidad: la Virgen María. Se dice en la lectura de hoy que «todos . . . estaban reunidos en un mismo lugar» (Hechos 2:1). Los comentaristas notan que estos «todos» son el grupo descrito en Hechos 1:13-14, que incluye «María la madre de Jesús». Se manifiesta la Iglesia junto con la madre de la Iglesia, María. El que ignora a María ignora las Escrituras. El que ignora las Escrituras ignora a Cristo, como dijo san Jerónimo. También notamos que el líder de los apóstoles reunidos en Pentecostés es Pedro, él que da el sermón de Pentecostés (Hechos 2:14-36).

En la segunda lectura, san Pablo nos dice que el Espíritu Santo nos hace confesar a Jesús como «Señor». Nuestro Papa Benedicto XVI fue instrumental en hacer la misma proclamación en un documento muy atacado titulado Dominus Iesus, «Señor Jesús», unos años atrás para combatir la mentira que hay salvación fuera del nombre de Jesús. El Espíritu es muy específico: solamente Jesús es Señor. Los que reconocen otros «señores» no tienen el Espíritu Santo.


Finalmente, en el Evangelio, Jesús les concede el Espíritu Santo a los discípulos para que puedan perdonar y retener los pecados de los hombres. Insituye Jesús en este pasaje el sacramento de la confesión o reconciliación. Bueno, en esta fiesta de Pentecostés, nos preguntamos: ¿Dónde podemos encontrar una Iglesia que no ignora a María como madre de la Iglesia, una Iglesia que mira al sucesor de Pedro como su líder terrestre, una Iglesia que confiesa a Jesús como el único Señor, una Iglesia que cumple con el mandamiento de Jesús de perdonar y retener los pecados de la humanidad en el sacramento de confesión? También vemos en Pentecostés los carismas de la profecía en la proclamación de la gloria de Dios y del Evangelio y en el don de lenguas. Esos dones son expresiónes de la dimension carismática de la Iglesia y todavía existen y se practican hoy en la Iglesia Católica especialmente por medio del movimiento de renovación carismática. Todos estos elementos existen juntos únicamente en la Iglesia Católica Romana que se manifestó por primera vez en Pentecostés. No lo vamos callar o tapar. ¡Que se manifieste hoy como ayer!