1.6.08

Noveno Domingo del T.O.: Deuteronomio 11:18, 26-28, 32; Romanos 3:21-25, 28; Mateo 7:21-27

En el libro de Deuteronomio, leemos que Dios nos propone su ley y sus mandamientos para darnos vida. En Romanos 3:21, leemos lo siguiente: «Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas». En la Nueva Alianza, llega una nueva etapa atestiguada por la ley y sus mandamientos. En esta nueva etapa, se manifiesta la vida de Dios por medio de la gracia, por medio del amor libre de Dios Padre a toda humanidad que responde libremente a ese amor. Ahora, «el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley» (Romanos 3:28).

¿Quiere decir esto que ahora no hay que obedecer los mandamientos morales de la ley? Ciertamente no! En el Evangelio, Jesús nos explica lo que es importante. No es cosa de abandonar la ley moral y poner en oposición a la ley una fe sin obras. Jesús nos advierte que aunque hacemos gran obras de fe no seremos salvos si no cumplimos la voluntad de Dios. Es un pasaje que nos debe preocupar: no es suficiente hacer obras aparantemente muy buenas y hasta milagrosas si no hacemos la voluntad de Dios. Lo que es clave es hacer la voluntad de Dios en nuestras obras. Las obras aparte de la voluntad de Dios no salvan. Para conocer la voluntad de Dios, necesitamos una fe sincera que rinde un corazón sincero al Señor. La opción no es escoger entre obras y fe. La opción correcta es escoger entre obras aparte de la voluntad de Dios, y la entrega en fe a la voluntad de Dios que acabe en obras en acuerdo con la voluntad de Dios. La distinción importante es esta: ¿Es la base de nuestras obras la fe por cual conocemos la voluntad de Dios? ¿Son nuestras obras basadas en nuestros planes personales y nuestra concepción personal de lo religioso aparte de la voluntad de Dios? Para conocer la voluntad de Dios, tenemos que tener una fe sincera que surge de la petición sincera a Dios encontrada en el «Padre Nuestro»: «hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo».