8.6.08

Décimo Domingo del T.O.: Oseas 6:3-6; Romanos 4:18-25; Mateo 9:9-13

Dios nos persigue. El profeta Oseas nos comunica que Dios manda sus profetas para azotarnos, para despertarnos, para conseguir conocimiento de Dios. En el Evangelio, Jesús llama a Mateo: «Sígueme». Mateo está preocupado en su trabajo rutinario que trata de impuestos y dinero. Jesús lo llama a un apostolado de grandeza y gloria sin comparación con lo que Mateo estaba acostumbrado. Dios nos persigue.

San Pablo nos muestra la fe dramática de Abraham, él que creyó en las promesas fantásticas de Dios en medio de circunstancias negras sin promesa y sin esperanza. Abraham creyó y así empezó la historia de la salvación de Israel y de nosotros, una historia en cual Dios nos persigue. Pablo nos llama a creer como Abraham a base de la resurrección de Cristo. La resurrección de Cristo es la llamada que surge por los siglos a cada uno de nosotros: «Sígueme». Como Cristo mismo llamó a Abraham (como Dios, Cristo ya existía), a Mateo, y a Pablo, hoy Cristo nos persigue con el hecho de su resurrección para mandarnos en nuestra misión apóstolica.