10.2.08

1er Domingo de Cuaresma: Génesis 2:7-9; 3:1-7; Romanos 5:12-19; Mateo 4:1-11

Las lecturas nos hablan de la tentación. En Génesis, la primera pareja deja de confiar en la providencia de Dios y se lanza a tomar la situación en sus proprias manos. Por eso comen de la fruta prohibida del árbol del conocimiento del bien y del mal. Además de la desconfianza en lo que Dios planea para ellos, quieren usurpar el lúgar de Dios y llegar a ser como dioses. Finalmente, no quieren obedecer y servir a Dios. Quieren solamente complacerse. Por eso acaba que el primer hombre y la primera mujer ya no pueden confiar en el otro y tienen que cubrir su desnudez. La inocencia y la confianza mutua se acaban.

Pero en el Evangelio, viene otro hombre, Jesús, que resiste las mismas tentaciones del mismo diablo. Jesús confía en Dios para aliviar su hambre y no se atreve a tomar la situación en sus proprias manos en desconfianza de la providencia de su Padre. Jesús no se atreve a manipular al Padre como le pide el diablo hacer si se tira de la altura del templo. Jesús no se atreve a someterse al diablo porque sabe que se tiene que servir solamente al Padre. Jesús lo hace todo en una manera opuesta a la primera pareja humana.

Por eso san Pablo puede decir con confianza que la obediencia del Segundo Adán nos hace justos y por eso empezamos a recobrar poco a poco la inocencia perdida-- una inocencia que tendremos en su plenitud cuando se renova todo el mundo a la segunda venida de Cristo.

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