20.1.08

Segundo Domingo del T.O.: Isaías 49:3, 5-6; 1 Cor. 1:1-3; Juan 1:29-34

Las lecturas de hoy se enfocan en el cumplimiento de la promesa de salvación anunciada en el Viejo Testamento. Isaías anuncia la salvación no solamente de Israel pero también de «los últimos rincones de la tierra». En el Evangelio, san Juan Bautista completa el ciclo de los profetas antiguos, cuando identifica Jesucristo como el Profeta final que bautiza con el Espíritu Santo. Por eso, es apto que la segunda lectura es el saludo apóstolico de san Pablo a los corintios. En ese saludo, Pablo se identifica como el mensajero especial de Jesucristo. San Pablo es el que trae el mensaje de salvación a todas las naciones y así cumple la profecía antigua. La tradición hasta indica que san Pablo llegó a visitar España. En los tiempos antiguos, antes de los viajes de Colón, España se conocía como el límite occidental del mundo conocido--como se decía en el antiguo escudo español «ne plus ultra» o «no hay más allá». San Clemente de Roma escribió más tarde, también a los corintios, que san Pablo llegó al «extremo occidente», una frase que se puede tomar como referencia antigua a España. San Pablo llevó la promesa de salvación hasta el último rincón del mundo antiguo.