16.12.07

Tercer Domingo de Adviento: Isaías 35:1-6, 10; Santiago 5:7-10; Mateo 11:2-11

En el Evangelio, Jesús responde a la pregunta del encarcelado Juan el Bautista. Nos asombramos que Juan el Bautista tiene cierta duda sobre la identidad de Jesús, aún después del bautismo de Jesús administrado por el mismo Juan. Jesús le responde con una lista de sus milagros y se refiere también a su evangelización hacia los pobres: «los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva». Todos estos acontecimientos son signos mesiánicos. ¿Cómo lo sabemos?

Tenemos la primera lectura del profeta Isaías: «Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo.» Los judíos, incluso a Juan el Bautista, sabían lo que significaba esa respuesta: Jesús es ciertamente el mesías anunciado por los profetas.

Y fue anunciado por largo tiempo y por muchos años de exilio y de sufrimiento. Por eso nos habla el apóstol Santiago en su carta sobre la paciencia que espera la redención final: «Tomad, hermanos, como modelo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.» Santiago era líder de los cristianos de origen judío y entendía muy bien que Jesús era la esperanza de su pueblo y que vindicaba los sufrimientos de todos los profetas antiguos. Aunque hay sufrimiento en la espera, también hay júbilo porque se celebran los gran acontecimientos del Mesías que cura a los enfermos y a los que sufren, acontecimientos tan bien expresados en la primera lectura de Isaías.

Nosotros hoy tenemos esa misma esperanza jubilosa. Sabemos que en la Navidad nos viene el mismo Mesías otra vez en la Eucaristía para invitarnos a ser sanados y curados por medio de su poder. El Adviento es un llamamiento para recibir la curación que todavía ofrece precisamente el mismo que le respondió a la pregunta de Juan el Bautista. Nosotros hacemos durante el Adviento la misma pregunta al mismo hombre: «¿Eres tú él que buscamos? ¿Eres tú que nos puede sanar físicamente y espiritualmente?» En Navidad, oimos otra vez la respuesta que oyó Juan: «Sí, soy ese».



1 comentario:

Jeisson Alberto dijo...

VEN SEÑOR JESUS
TE NECESITAMOS ACA
PARA QUE NOS GUIES Y NOS ILUMINES
EL CAMINO
A NUESTRO DIOS PADRE TODO PODEROSO
VEN NO TARDES TANTO