9.9.07

Vigésimo Tercero Domingo del T.O.: Sabiduría 9:13-19; Filemón 9-10, 12-17; Lucas 14, 25-33

Vemos en estas lecturas que el Espíritu Santo trastorna nuestra sabiduría humana y convencional. En el libro de la Sabiduría, se dice que los «pensamientos de los mortales son inseguros y sus razonamientos pueden equivocarse». Lo que remedia esta situación es el «santo espíritu» enviado por Dios que aclara nuestras circunstancias.

Y como vemos en la Carta a Filemón, san Pablo muestra como la inspiración del Espíritu Santo trastorna nuestras maneras acostumbradas de pensar. Pablo le pide a Filemón que vea y trate a su esclavo Onésimo como un «hermano amadísimo» y como un «compañero». Con la sabiduría que viene del Espíritu Santo, Pablo invierta la manera de pensar convencional de la sociedad de su tiempo.

Y Jesús es más radical que Pablo en invertir y volcar nuestras expectaciones convencionales. Jesús nos urge que tenemos que estar preparados a renunciar a familiares y a todas nuestras posesiones materiales. Jesús dice que estar dispuesto a abandonar todo es parte del precio de tomar nuestra cruz y seguirlo.

¿Qué aplicación le podemos dar a estas palabras radicales? Bueno si, por ejemplo, nos hemos liberados del alcoholismo con la ayuda de Dios puede ser necesario apartarnos de amigos viejos y hasta familiares que siguen en la borrachera. Lo mismo se puede aplicar a los que han escapado el mundo satánico de las drogas. Puede ser que tengamos que renunciar también reuniones familiares llenas de cinismo, de celebración del materialismo, y de aprobación de estilos de vida inmorales. Tenemos que estar dispuestos a renuncias radicales cuando sean necesarias.

Jesús nos habla con el Espíritu Santo que aclara nuestras circunstancias y trastorna nuestras maneras normales de pensar y de vivir.