22.7.07

Decimosexto Domingo del T.O.: Génesis 18:1-10; Colosenses 1:24-28; Lucas 10:38-42

El tema de las lecturas de hoy es Cristo. Cristo manifestado en el Viejo Testamento, Cristo manifestado en la predicación de san Pablo, y Cristo mismo en el Evangelio. A Abraham se le aparace el Señor en forma de tres hombres. El número tres nos recuerda de la Santa Trinidad que se manifestará plenamente en el Nuevo Testamento.

Abraham tiene un encuentro misterioso con los tres hombres. San Pablo le escribe a los colosenses sobre el «misterio escondido desde siglos y generaciones y manifestado ahora a sus santos». Ese misterio «es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria». Los Padres de la Iglesia primitiva enseñaban que las manifestaciones de Dios en el Viejo Testamento eran en verdad manifestaciones de Cristo, el Verbo de Dios, en cual Dios se hace visible. El misterio de la apariencia del Señor a Abraham se ilumina en Cristo.

En el Evangelio, Jesús visita a la casa de Marta y María. Como Abraham, Marta se preocupa con prepararle la mesa al visitante. Pero Jesús alaba a María que se sienta a los pies de Jesús a escucharlo. Esta actitud de María es un elemento nuevo y necesario porque Jesús es la culminación de la revelación de Dios que vimos en la vida de Abraham. Ahora el misterio escondido a las generaciones del pasado se ha iluminado con la llegada de Cristo. Por eso debemos también sentarnos a esuchar a Cristo como hizo María.

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