10.6.07

El Cuerpo y La Sangre de Cristo: Génesis 14:18-20; 1 Co. 11:23-26; Lucas 9:11-17

En Génesis, tenemos a Melquisedec ofreciendo con pan y vino la primera "eucaristía," que en griego indica dar gracias. Esta conexión de los elementos del pan y el vino con dar gracias obviamente prefigura la Eucaristía instituida por Cristo en el Evangelio. En la Carta a los Hebreos en el Nuevo Testamento, se refiere a la acción de gracias de Melquisedec:

[C]uyo nombre significa, en primer lugar, «rey de justicia» y, además, rey de Salem, es decir «rey de paz», sin padre, ni madre, ni genealogía, sin comienzo de días, ni fin de vida, asemejado al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

Hb 7:2b-3 (énfasis original).

Las Escrituras claramente asemejan a Cristo con Melchisedec. Cristo, como la Palabra de Dios, que siempre existió con el Padre es como Melquisedec el rey de justicia y de paz sin genealogía humana en su preexistencia divina. Ese Melquisedec, en mi opinión privada y personal, es Cristo. Y nota que Melquisedec como Cristo es sacerdote. El sacerdocio y la Eucaristía estan ligados estrechamente desde el Viejo Testamento, y esa conexión es el tema notable de la Carta a los Hebreos.

En la lectura de Corintios, san Pablo transmite la tradición de la institución por Cristo de la Eucaristía. Ahora vemos la significacíon del sacrificio de Melquisedec: Dios mismo se sacrifica por nosotros. Abram respondió a la bendición de Melquisedec con «el diezmo de todo lo que había rescatado». Nosostros hoy sabemos que la bendición prefigurada por Melquisedec incluye el sacrificio extravagante del cuerpo y la sangre del Hijo de Dios. Por eso, como una gente eucarística inevitablemente respondemos con la misma generosidad agradecida que Abram mostró toda su vida.

En el Evangelio, Cristo multiplica los cinco panes y los dos pescados para la gente que se encontraba en un lugar solitario. Cristo satisface la hambre de la gente y nuestra hambre también. Como el Nuevo Melquisedec que existe sin comienzo y sin fin, el Alfa y el Omega, Cristo, la Palabra de Dios, es nuestro Creador. Como Creador, solamente él puede satisfacer la hambre de nuestros corazones. Ninguna criatura, ningún objeto de este mundo puede satisfacer el corazón humano. Como la gente, cuando nos encontramos con hambre en un lugar solitario, nos damos cuenta que solo Dios puede resolver nuestra hambre. En la agitación de la vida, finalmente nos damos cuenta en esos momentos solitarios que la Satisfacción siempre estuvo ahí, tranquila y serena, en los tabernáculos de nuestras iglesias esperando para saciar nuestros corazones intranquilos.