29.4.07

Cuarto Domingo de Pascua: Hechos 13:14, 43-52; Apocalipsis 7:9, 14-17; Juan 10:27-30

Todas las lecturas de hoy tratan de la misión a los paganos, a los gentiles. En los Hechos de los Apóstoles, Pablo y Bernabé tienen que salir de Antioquía por la envidia de esos judíos que rechazaban al Evangelio. Aquí estaban Pablo y Bernabé predicando en la sinagoga las buenas nuevas que finalmente había llegado el Mesías de Israel que ofrece misericordia, salvación, y vida eterna. ¡Qué comentario sobre nuestra humanidad caída que respondemos a este mensaje salvador con envidia y rechazos! Cristo nos ofrece el camino real pero nos abrazamos del camino bajo. La consecuencia de la caída original de Adán es la inclinación fuerte al egoísmo y a la explotación. Se ve en el rechazo a la enseñanza de Cristo sobre el amor humano y la práctica de maneras de actuar y vivir que son verdaderamentes pornográficas. Se ve en el áfan por el dinero y el poder cuando el mensaje libertador de Cristo es que tanta furia por dinero, prestigio, y poder es algo que destruye nuestra humanidad. Pero, al contrario, los que si aceptaron el Evangelio y su mensaje agradable de misericordia y vida eterna se regocijaban.

En la lectura del Apocalipsis, san Juan tiene una visión del fruto de la misión a todo el mundo: la multitud de gente de todas razas y lenguas en el cielo adorando a Dios con palmas en las manos en un Domingo de Ramos eterno. En la Santa Misa, participamos en esa liturgia celestial. Por eso en la Misa, no solamente se trata de solemnidad pero también de alegría. Celebramos que el destino del mundo es misericordioso porque Dios enjugará de nuestros ojos todas las lágrimas.

En el Evangelio, Jesús hable de sus ovejas que lo escuchan, quien él conoce, y que lo siguen. Todas esas ovejas de origines diversos y aunque separadas por largas distancias comparten una comunión eclesial. Por eso, la Iglesia es, como dijeron los padres del Segundo Vaticano, el sacramento de la unidad de la humanidad entera. De esa hermandad disfrutaremos completamente en el cielo y parcialmente en esta vida terrenal.