11.3.07

Tercer Domingo de Cuaresma: Éxodo 3:1-8, 13-15; 1 Co. 10:1-6, 10-12; Lucas 13:1-9

Cuando Dios se revela es al mismo tiempo un acontecimiento maravilloso y enorme. En esa enormidad hay justamente un elemento de miedo por parte de nosotros. En la lectura del libro del Éxodo, «Moisés se tapó la cara, porque tuvo miedo de mirar a Dios». Y Dios le revela su «nombre para siempre»: «Yo-soy». La enormidad del acontecimiento naturalmente induce cierto miedo.

En la primera carta a los corintios, san Pablo dice que la roca que acompañaba a los israelitas y a Moisés en el desierto era el mismo Cristo (vea Números 20:6-11). En otras palabras, Cristo mismo es el Dios llamado «Yo-soy» que guió a los israelitas y a Moisés. Y en el evangelio Jesucristo se identifica ante de los líderes judíos como «Yo-soy» (Marcos 14:61-62).

En el evangelio de san Lucas, Jesús le comenta a la gente que no piensen que las tragedias que le ocurieron a los galileos matados por Pilato o a los que fueron aplastados por una torre no les pueden ocurir a ellos mismos. Jesús le advierte a la gente que «si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante». ¿Qué implica aquí Jesús cuando habla «de manera semejante»? El sentido literal de sus palabaras puede indicar que los que murieron de repente no se habían arrepentido. Los que murieron estaban en la misma situación que los oyentes de Jesús. Parece que Jesús nos quiere indicar que debemos de tener cierto miedo a la posibilidad que nuestra muerte puede llegar en cualquier momento inesperado y por eso debemos de arrepentirnos a tiempo. Como Jesús es el mismo Dios que se le apareció a Moisés, es apropiado que la revelación de Jesús igualmente induce cierto miedo sano.

Jesús también le dijo a la gente una parábola sobre el juicio de Dios. Dios tiene paciencia pero al fin Dios corta la higuera que no da fruto. La enseñanza es clara: tenemos que dar fruto y empieza con el abono del arrepentimiento.

Jesús nos habla de un Dios de amor y misericordia, pero en estas lecturas-- que la mentalidad moderna trata de ignorar-- Jesús también nos habla del juicio que cada uno de nosotros tendrá que confrontar. Jesús induce un cierto miedo sano para despertarnos de nuestra creencia irracional que la muerte inesperada solo le ocurre a otros.