7.1.07

La Epifanía del Señor: Isaías 60:1-6; Efesios 3:2-3, 5-6; Mateo 2:1-12

La Epifanía o «manifestación» del Señor es el cumplimiento de la profecía de Isaías que todos los pueblos caminarán a la luz de Jerusalén. En el Catecismo de la Iglesia Católica, se habla de la Iglesia como la Nueva Jerusalén (n. 756). Esta Iglesia universal atrae todos los pueblos de todas las idiomas, razas, y culturas. Pero la profecía de Isaías no se ha acabado. Al fin de la historia, el mundo completo estará bajo el reino de Dios. Es una profecía que se ha cumplido pero se sigue cumpliendo.

San Pablo en su carta a los efesios reconoce su papel clave en la explosión del cristianismo en el mundo. Él reconoce el impacto revolucionario de su apostolado a los paganos. La Iglesia nunca puede perder ese ardor evangélico hacia todos los pueblos de cualquier religión o cultura. El Evangelio no reconoce persona o religión que queda afuera de la llamada a la conversión cristiana. Se tiene que combatir la mentira que el catolicismo es algo solamente para los que se han criado como católicos. No, el cristianismo es para toda persona aunque sea de origen judío o musulmán o pagano o lo que sea. El Evangelio no reconoce barreras culturales y costumbristas.

En el Evangelio de San Mateo, vienen los magos del Oriente buscando a Cristo. No eran de la religión de Cristo. No eran judíos. Los primeros cristianos judíos tuvieron que llegar a entender que el Mesías era para todos. Hoy también los cristianos tienen que entender que Cristo no es solamente para los que ya son cristianos. Cristo llama a la conversión a todos en todas las religones del mundo, incluso a los millones tras millones en el Oriente. Ese es el impulso revolucionario y esencial de la Iglesia. Eso es apostolado.