28.1.07

Cuarto Domingo del T.O.: Jeremías 1:4-5, 17-19; 1 Co. 12:31-13; Lucas 4:21-30

Hoy en día tenemos que defender contra la mentira y la traición el derecho fundamental a la vida, un derecho que pertenece a todos los seres humanos desde el momento de la concepción. El Papa ha declarado que este derecho a la vida es «primero y fundamental». Las Escrituras de hoy anuncian esta verdad. El profeta Jeremías repite las palabras de Dios: «Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco; desde antes de que nacieras, te consagré como profeta para las naciones». No hay duda que la vida y el derecho a la vida existen en el seno materno antes de nacimiento.

En el salmo responsorial (Salmo 70), dice el salmista: «Desde que estaba en el seno de mi madre, yo me apoyaba en ti y tú me sostenías». Antes de nacer, el niño ya tiene una relación íntima con Dios. El salmista es también un profeta como Jeremías porque se dedica a proclamar «siempre tu justicia y a todas horas, tu misericordia».

Estas Escrituras apuntan al Evangelio en cual Jesús le anuncia a su pueblo de crianza que él es el profeta y Mesías prometido por Dios. Como el profeta más grande Jesús obviamente tenía una relación intima con Dios en el seno de María. Como el Hijo de Dios nacido de la Virgen por el poder del Espíritu Santo sabemos que esta relación era en realidad una identidad con Dios. Dios mismo entró en el seno maternal. Dios mismo se identificó con los niños atacados hoy en día por el aborto. Además vemos que el pueblo donde se crió Jesús lo rechaza y trata de matarlo. Jesús nota «que nadie es profeta en su tierra». Los de su propia tierra rechazan a Jesús como desgraciadamente muchas madres confusas rechazan por medio del aborto a los niños en sus senos maternales. El niño en el seno de su madre es un tipo de profeta que proclama por su propia existencia el poder y la gloria de un Dios que puede crear una vida nueva con una alma eterna. El aborto es el rechazo violento a esos profetas pequeños.

Ese rechazo es lo opuesto a la caridad celebrada por San Pablo en el décimotercio capítulo de la primera carta a los corintios. «El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites». Ese es al amor que debe de recibir a cada niño creciendo en el seno maternal.

3 comentarios:

Rogelio I. Rodriguez dijo...

Hola encontre tu blog en directorio de blogs catolicos, y tan solo quería invitarte a ver el mio. Se trata de una novela catolica (blogonovela) que tiene como único fin evangelizar.

La dirección es http://algodeti.wordpress.com

elizabet dijo...

hola: Me gustaría que me hagas un comentario de Jer 1, 1-10 sobre el mensaje de Dios a los jóvenes, además de lo que ya leí en el blog sobre la vida desde la concepción. GRACIAS: Eli

Oswald Sobrino dijo...

Respuesta para elizabet:

Si, es muy clave compartir Jer. 1:1-10 con los jóvenes. Esta lectura nos indica que no tenemos que temer proclamar la verdad aunque seamos jóven o aunque no tengamos la experiencia que el mundo espera. Pero si hablamos solo por nuestra cuenta, entonces le damos la razón al mundo: nos falta la sabiduría porque nos falta la experiencia y madurez.

Solamente cultivando una relación personal con Dios en la oración podemos oir las palabras que Dios quiere que anunciemos al mundo. Si tenemos esa relación intíma con Dios, entonces sorprenderemos al mundo con nuestra sabiduría aunque nos falte muchos años de experiencia. Si tenemos la llamada auténtica de Dios verificada con la oración y con los consejos de gente madura, no tenemos que temer proclamar el mensaje del Señor al mundo.