1.10.06

Vigésimo Sexto Domingo del T.O.: Números 11:25-29; Santiago 5:1-6; Marcos 9:38-43, 45, 47-48

Se habla del Espíritu del Señor, del Espíritu Santo. En el Nuevo Testamento, San Pablo le ordena a los cristianos: «¡Aspirad a los carismas surperiores!» (1 Corintios 12:31a). También, manda el Apóstol: «Buscad la caridad; pero aspirad también a los dones espirituales, especialmente a la profecía» (1 Cor. 14:1). No se puede pretender que estos dones eran solamente para los tiempos antiguos de la Biblia. No se puede pretender que son dones solo para sacerdotes, los consagrados en la vida religiosa, y los santos canonizados. Son dones para todo cristiano bautizado. En la lectura de Números, tenemos el don de profecía cayendo sobre los setenta ancianos en el tiempo de Moisés. Moisés se alegra que profetizan: «Ojalá que todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre todos ellos el espíritu del Señor». Pablo está de acuerdo con Moisés.

En el Evangelio, Jesús también celebra que otros fuera de su círculo hacen milagros en el nombre de Jesús. No se opone. Pero si se opone fuertemente a los que son ocasión de pecado para otros. Y le advierta a todos nosotros que debemos abandonar las ocasiones de pecado.

En la carta de Santiago, se condena ferozmente a los ricos que no son justos. Santiago los describe como «engordando como reses para el día de la matanza». El rico injusto, como cualquier injusto, lleva una vida que es ocasión de pecado para otros: primero en la injusticia propria que le impone a otros y también en el rencor que esa injusticia crea en el oprimido que a veces los lleva a responder con su propia injusticia. El injusto cree que se está beneficiando, pero esta avariciosa acumulación de beneficios ilusorios solo sirve para aumentar su condena en el juicio final.

¡Qué contraste en dos modos de vida tan diferentes! En un lado, él que aspira a profetizar y a los otros dones y carismas espirituales, y, en el otro lado, los que viven una vida injusta enfocada en la avaricia. Como humanos naturalmente aspiramos a algo. Todos nos tenemos que preguntar a que aspiramos. Nuestro fin depende de esas aspiraciones.

1 comentario:

Carlitos dijo...

Con todo el respeto que Ud se merece como hermano terrenal mio, creo que los "espejismos" de la confusion humana lo tienen un poco mareado dentro del catolicismo.

Solamente ofresco una reflexion.

http://el-derecho-a-pensar.blogspot.com/2006/09/i-just-know-that-i-know-nothing.html#links

Carlitos