15.10.06

Vigésimo Octavo Domingo del T.O.: Sabiduría 7:7-11; Hebreos 4:12-13; Marcos 10:17-30

Él que sinceramente le pide a Dios la sabiduría, el conocimiento profundo de la verdad de su vida y de la vida, lo recibirá: eso es la promesa del Dios para quien todo bueno es posible. En el libro de Sabiduría, se celebra que asombroso es la experiencia de la epifanía de la Sabiduría de Dios. Él que tiene experiencia de esa sabiduría divina y verdadera sabe que nada se compara con eso porque la sabiduría divina revela lo que es la realidad de todo, incluso de nosotros. En ese momento la persona se rinde antes la Verdad y queda saciado en plena paz porque en fin ha conocido lo que siempre ha buscado como ser humano.

En la carta a los hebreos, San Pablo (conozco que muchos dicen que Pablo no escribió esta carta: no estoy de acuerdo con esa teoría) expone la palabra de Dios como la llave a la Sabiduría que se describe en la primera lectura. Y no se trata solamente de leer la palabra de Dios en la Biblia, porque la "palabra de Dios" también se oye personalmente en el alma y la conciencia, se oye en la profecía actual de estos días, se oye y se ve en las vidas de muchos cristianos. La palabra de Dios está en la Biblia y en la Iglesia y su tradición. En lo más fundamental, la palabra de Dios es el Evangelio de Jesucristo, es Jesucristo mismo.

En el Evangelio de San Marcos, Jesús advierta, en la escena famosa del hombre rico que no quiso vender sus posesiones materiales, la gran dificultad que tienen los que poseen riquezas materiales. Esas riquezas los han esclavizado y ciegado en una manera que no pueden reconocer y responder a la riqueza verdadera de la Sabiduría de cual leimos en la primera lectura. Ahí está la tentación: pensamos en escoger algo más bajo y nos olvidamos que lo que ofrece Cristo tiene un valor incomparable con cualquier posesión material, prestigio social, popularidad, o placer sensual. Dios nos da, si cooperamos, experiencia de la maravilla de su Sabiduría verdadera. Con la memoria viva de esa experiencia, entonces podemos rechazar con conocimiento las ofertas falsas de la sabiduría falsa.

No hay comentarios: