2.7.06

Decimotercero Domingo del T.O.: Sabiduría 1:13-15; 2:23-24; 2 Corintios 8:7,9,13-15; Marcos 5:21-43

La muerte y la fe. El libro de Sabiduría nos dice que Dios no hizo la muerte. La muerte entró por medio del diablo. Y en el Evangelio tenemos a Jesús levantando de la muerte la niña de uno de los jefes de la sinagoga. Pero también se trata de enfermedad y fe porque cuando primero vino el padre de la niña buscando Jesús la niña todavía estaba viva. Y en el mismo Evangelio tenemos la curación de la mujer con una hemorragia que se curó cuando tocó el manto de Jesús.

¡Qué simple que la fe es la llave a la curación! Decimos que tenemos fe pero seguimos enfermos. Hay un problema: ¿Es verdad que creemos que Jesús sigue curando hoy mismo? ¿O en realidad pensamos que todo eso pertenece (si en primer lúgar creemos que las curaciones de la Biblia de verdad ocurrieron) solamente al pasado bíblico? La fe verdadera que espera la curación es el primer requisito para él que pide curación.

Bueno, pero hay casos que, aunque haya gran fe, el enfermo no se cura. Un sacerdote astuto dijo esto: primero hay que pedirle a Jesús si Él quiere que haya una curación en este momento. Sabemos que la enfermedad es aveces la única manera para que corazones duros entren en la conversión. Debemos de consultar con Jesús antes de orar para la curación. Y si todavía no llega la curación entonces sabemos que la voluntad de Dios está tramando una curación diferente a la que deseamos.

Algunos entonces responden cínicamente diciendo que eso es darle un escape tan conveniente a Dios cuando no se cura alguien. Pero la realidad es que muchos se han curado por medio de la oración. Eso está probado sin duda. Dios ha mostrado su poder un gran número de veces. El cínico rechaza esas curaciones, y por eso su cinismo no nos convence.


En la lectura paulina, también hay otra circunstancia que requiere la fe: compartir nuestros bienes materiales. El cristiano está llamado a compartir con otros, especialmente con sus hermanos y hermanas en la fe. Dios nos presenta la necesidad de otro. Y nosotros necesitamos fe para responder a esa necesidad. Compartir los bienes materiales es otra forma de curación: nos cura del egoísmo, del temor al futuro, de falta de fe en la providencia divina. Y cura al hermano o hermana que recibe de su propio pesimismo, de la mentira que no es amado, de la mentira que Dios no lo va ayudar. Él que da se cura, y él que recibe se cura: los dos se curan de falta de confiar en la misericordia amable de Dios por nuestras dificultades y necesidades. Por eso el cristiano se conducta con optimismo cuando va por los caminos de Dios: Dios le habre los caminos a quien lo sigue en fe.


Si no resulta curación de una enfermedad o si no viene la ayuda esencial a una necesidad material entonces debemos de entrar en la oración pidiendo la iluminación de Dios sobre nuestra situación. Él nos alumbrará.

No hay comentarios: