11.6.06

La Santísima Trinidad: Deuteronomio 4:32-34, 39-40; Romanos 8:14-17; Mateo 28:16-20

Como cristianos, leemos lo que estaba escondido en el Viejo Testamento con ojos nuevos. Moisés proclama el único Dios que nos habla «desde el fuego». Dios Padre nos habla desde el fuego que es el Espíritu Santo. También se nos habla del Dios que «creó al hombre sobre la tierra». Sabemos como cristianos que esa creación del hombre fue por medio de Jesucristo, la Palabra de Dios (Juan 1:1-3). En Deuteronomio, podemos ahora reconocer la Trinidad divina.

En la carta a los romanos, también vemos a la Trinidad. Pablo nos habla del Espíritu Santo que nos hace hijos de Dios. Cuando, en esta lectura, Pablo se refiere a Dios, se está referiendo al Padre. Al final de la lectura, Pablo dice que como hijos de Dios somos coherederos con Cristo. Todas las personas de la Trinidad están presente.

Finalmente, la claridad completa viene de los labios mismos de Jesús cuando manda sus apóstoles a bautizar «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mateo 28:19). Como dijo San Agustín: lo que estaba escondido en el Viejo Testamento, se manifiesta abiertamente en el Nuevo Testamento. Creemos sin duda ninguna en la centralidad de creer en la Santa Trinidad. Esos que se llaman cristianos y rechazan a la Trinidad (como los discípulos del mormonismo o los Testigos de Jehová), no son cristianos y necesitan nuestra ayuda respetuosa y suave para conocer claramente esta verdad central de Dios.