23.4.06

Segundo Domingo de Pascua: Hechos 4:32-35; 1 Juan 5:1-6: Juan 20:19-31

Tenemos hoy un «catecismo pequeño» de lo esencial de la fe cristiana. No se dejen engañar de los que dicen que las doctrinas céntricas del cristianismo no se pueden encontrar en el Nuevo Testamento. Ahí están muy claras para los que tienen ojos para ver y oídos para oir.

En la primera lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles se describe la actividad de los apóstoles en una manera muy simple y directa: «los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús». El Evangelio es, esencialmente, dar testimonio que Jesús es el Señor que resucitó. Si no se predica eso, no se predica nada. Sin la resurrección histórica de Jesús, estamos hablando mitología falsa que no vale la pena.

En la primera carta de San Juan, tenemos la doctrina de la Trinidad:

1.) Jesús es el Hijo de Dios:

2.) Si Jesús es Hijo, Dios es el Padre;

3.) El Espíritu testifica a esta verdad.

Ahí tenemos sin complicación la Trinidad: Dios Padre, Jesús el Hijo, y el Espíritu Santo. Tratar de entenderlo es complicado. Pero el hecho actual de la revelación es algo directo y simple.

En el Evangelio, tenemos la definición de la Resurrección: el Jesús resucitado posee el mismo cuerpo cuyo manos y costado fueron torturados en la cruz. No es asunto de una resurrección meramente espiritual. Es una resurrección CORPORAL Y FÍSICA. El cuerpo muerto fue transformado y no se quedó atrás en la tumba. Por eso como Tomás, decimos «¡Señor mío y Dios mío!» El Hijo de Dios Padre es también Dios. La Trinidad se revela sin duda en el Nuevo Testamento, igual que se revela la Resurrección Corporal de Jesucristo. Eso es lo esencial de la doctrina cristiana. No deje que nadie trate de engañarte o causarte confusión sobre esta realidad.