16.4.06

Domingo de Pascua: Hechos de los Apóstoles 10:34, 37-43; Colosenses 3:1-4; Juan 20:1-9

Otra Pascua y tenemos el hecho histórico inolvidable: la tumba estaba vacía. Como dijo María Magdalena: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto». Paren ahí. Si la tumba no hubiera estada vacía, yo no sería ni cristiano ni católico. San Pablo está de acuerdo: «Y si no resucitó Cristo, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados» (1 Corintios 15:14). Hoy muchos quieren engañar con la mentira que la tumba vacía no es un hecho importante o esencial a la fe cristiana. Es una gran mentira del diablo. Tenemos esperanza solamente porque Jesús resucitó de entre los muertos: el mismo cuerpo que estuvo solitariamente en esa tumba fue transformado en un cuerpo glorioso que mantuvo los rasgos de su tortura. Por eso sabemos que ese mismo Jesús es Dios. Por eso rezamos a él. Por eso lo adoramos. También por eso cuenta mucho lo que hacemos con nuestros cuerpos porque nuestros cuerpos también, como dice la segunda lectura, se manifestarán gloriosos. Noten en la primera lectura como la predicación de Pedro tiene como punto clave el hecho que, al tercer día, Dios resucitó a Jesús y concedió que testigos lo vieran. Hoy en la Iglesia Católica, el Papa, como sucesor del mismo Pedro, predica precisamente lo mismo que predicó Pedro. No se puede hacer el mismo comentario sobre algunas otras comunidades que se llaman supuestamente «cristianas».