5.3.06

Primer Domingo de Cuaresma: Génesis 9:8-15; 1 Pedro 3:18-22; Marcos 1:12-15

Nota a Lectores: Este comentario llega tarde por ciertas obligaciones académicas del autor durante la semana pasada. Ahora en adelante resume el comentario a su propio tiempo: una semana antes del domingo actual. Por ejemplo, mañana veremos el comentario que pertenece al segundo domingo de cuaresma.

A Noé se le anuncia una alianza: no se exterminará otra vez toda vida con un diluvio. Al arco iris es la señal de esta alianza. Se tiene que notar que Dios anuncia su alianza sin pedirle ni permiso ni compromiso anterior a Noé. Esta es la misericordia y el favor de Dios: Dios nos busca y se compromete con nosotros. Dios declara su amor sin pedir permiso, sin esperar guarantía que los humanos van a aceptar su amor. Quedamos libres para rechazar el amor de Dios, como queda libre una mujer para rechazar las declaraciones de un enamorado.

En la lectura paulina, declara Pablo la nueva alianza que finaliza la relación de Dios con los seres humanos: la muerte y resurrección de Cristo. La señal de esta alianza nueva y final es la cruz. Vamos ahora en los días de cuaresma a esa cruz, la cruz del Viernes Santo. La otra señal de la nueva alianza perfecta es la tumba vacía de la Resurrección. Dios se hizo carne por nosotros. Como en los días de Noé no pidió permiso, no exige nuestro mérito anterior, no nos obliga en nada: Dios propone su amor como un enamorado se lo propone a su novia: respeta nuestra libertad. Es un gesto de generosidad incalculable. Es un gesto de humildad por el Creador del mundo, que se hace humano y se expone a la humillación y a la muerte por nosotros sin contar con nuestra gratitud de antemano.

Ese Cristo en el Evangelio de hoy predica este Reino de Dios: la intervención generosa de Dios para salvarnos de todo mal. Antes de predicarlo, Jesús pasó su cuaresma en el desierto. Nosotros pasamos ahora nuestra cuaresma para poder decirle un «sí» completo a lo que Dios nos propone y nos regala.