12.2.06

Sexto Domingo del T.O.: Levítico 13:1-2, 44-46; 1 Corintios 10:31-11:1; Marcos 1:40-45

La lepra era, como ahora, una enfermedad que nos llena de temor. En Levítico vemos como los israelitas recibirieron de Dios una manera de contener la propagación de esta enfermedad. Era un proyecto de limitar, de mitigar la situación, de prevenir la epidemia. El proyecto de Jesús es comparativamente radical: Jesús cura al leproso en el Evangelio. La Ley apuntaba la contaminación: Jesús sana y la quita. Lo mismo pasa con el pecado: la Ley indica el pecado, pero solo Jesús sana o salva.

Pero no es cosa solamente de la infección espiritual que es ciertamente el pecado. Hoy en tiempos modernos y en sociedades avanzadas nos agrade limitar el poder de Jesús a lo espiritual como si Jesús fuera solamente un tipo de psicólogo moderno. Entendemos la terapia psicológica o espiritual, pero rechazamos la curación de las enfermedades físicas por medio de la fe y la oración.

Bueno, el cristianismo no se puede modernizar tanto. En el cristianismo siempre hay la posibilidad de la curación de las enfermedades físicas por medios espirituales. Por eso los católicos tenemos un sacramento para ungir a los enfermos. No se trata solamente del perdón de pecados. Se trata también en pedir y esperar la curación física. No podemos perder esa audacia evangélica y apóstolica: de pedir la curación física. A veces parece que tenemos miedo de pedirla porque tememos quedar desilusionados si la enfermedad sigue o la persona se muere de todas maneras. Pero la fe, pide y pide y asi consigue. Si la enfermedad continúa, entonces sabemos con certeza que es la voluntad de Dios. ¡Pero si no pedimos la curación puede ser que la persistencia de una enfermedad se debe no a la voluntad de Dios sino a nuestra falta de fe!

Digo todo esto porque en el Evangelio no se puede evadir que parte clave del proyecto de Jesús es curar a los enfermos y no solamente perdonar a los pecadores. Si creemos que el mismo Jesús sigue activo en nuestras vidas, si creemos que el trabajo apóstolico continúa, ¿cómo podemos olvidarnos de la curación de los enfermos? San Pablo instruye a los corintios que sean sus imitadores igual como él es imitador de Cristo. No podemos imitar a Cristo si fallamos en orar y rogar por la curación de las enfermedades físicas.

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