8.1.06

El Bautismo del Señor: Isaías 42:1-4, 6-7; Hechos 10:34-38; Marcos 1:7-11

En Isaías, se habla del siervo del Señor en el cual se ha puesto el espíritu de Dios para proclamar la enseñanza del Señor hasta «las islas». Los judíos veían a su nación entera, todo Israel, como ese siervo de Dios; algunos también entendían una referencia al Mesías esperado. Pero nosotros reconocemos con certeza que ese siervo es el Mesías, en particular Jesús. San Pedro en los Hechos de los Apóstoles testifica que «Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret» quien se dirige a todas las naciones como «Señor de todos». Como nos dice el cardenal Ratzinger, ahora nuestro Papa, nosotros los cristianos siempre leemos el Viejo Testamento con Cristo en mente: esa es nuestra regla segura de interpretación bíblica. El siervo es Jesús.

En Marcos, vemos el bautismo de Jesús cuando fue ungido por el Espíritu Santo. El ungido es el Mesías: en griego, literalmente, el ungido es el «Cristo». Por eso se refiere al libro del profeta Isaías como el «quinto Evangelio» porque tenemos una anticipación tan clara de los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento. Es una línea directa. Como se nota en el Catecismo de la Iglesia Católica, citando las palabras de san Agustín: «el Nuevo Testamento queda escondido en el Viejo y el Viejo Testamento se descubre en el Nuevo» (sección 129 del Catecismo). Eso es la maravilla de nuestra Biblia.