29.1.06

Cuarto Domingo del T.O.: Deuteronomio 18:15-20; 1 Cor. 7:32-35; Marcos 1:21-28

En el último capítulo del libro de Deuteronomio (Deut. 34), tenemos la declaración que no ha habido profeta semejante a Moisés en Israel. Se cree por algunos que posiblemente se escribió esta declaración mucho después de la muerte de Moisés ya cuando la independencia de Israel se estaba acabando. Un comentarista opina que aquí se niega que los profetas de Israel llegaron al mismo nivel de intimidad con Dios que tuvo Moisés. Pero muy claramente en la lectura de hoy, que viene del capítulo 18 de Deuteronomio, Dios si promete un profeta como Moisés. Bueno, nosotros sabemos quien fue ese profeta como Moisés-- y mucho más que Moisés--en su intimad con Dios: Jesús, el Hijo de Dios.

En la lectura evangélica se confirma que Jesús es el profeta prometido en Deuteronomio cuando el pueblo se da cuenta que Jesús habla con una autoridad extraordinaria que no tenían los escribas de su época. Nosotros tenemos y queremos compartir con todos, incluso con los judíos de hoy, la realidad que el sucesor a Moisés, el nuevo Moisés, que es como Moisés y mucho más que Moisés, es Jesucristo. No hay que taparlo.

San Pablo les aconseja a los corintios que la vida soltera es una vida que facilita la entrega total a la presencia de Dios. Es un consejo práctico, pero no obligatorio como Pablo mismo aclara en la lectura de hoy y en otros lugares. Ya vemos ahí las raíces de la tradición de un clero celibato en la Iglesia Católica. No es cosa inventada del aire sin conexión bíblica. ¿Cómo podemos integrar este consejo con las otras lecturas de hoy? Creemos que la Biblia es una unidad con un mismo autor divino. Entonces podemos atentar una integración entre las lecturas en buena fe. Moisés fue casado. Jesús nunca se casó. Jesús llama algunos a una intimidad con Dios tan profunda y superior a la de Moisés que muchos por los siglos han podido por la gracia de Dios vivir sin el matrimonio vidas de generosidad extraordinaria en servicio a otros cristianos. Si Jesús supera a Moisés en la intimidad con Dios precisamente como Hijo de Dios, no es sorprendente que exige mas que lo que exigió Moisés para algunos y que también Jesús puede lograr que esos algunos puedan vivir con honor la vida soltera entregada a Dios.

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