21.8.05

Vigésimo Primero Domingo del T.O.: Isaías 22:19-23; Romanos 11:33-36; Mateo 16:13-20

Hoy se habla del primado de Pedro como líder de la Iglesia universal. En el Evangelio, Jesús claramente celebra la fe de Pedro quien lo confesó como Hijo del Dios viviente. Pero también Jesús claramente apunta a Pedro como el centro de autoridad en la Iglesia. Jesús le da a Pedro «las llaves del Reino de los Cielos». Pero dice más, mucho más: «y lo que ates en la tierra quedará atado en los Cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los Cielos».

Esto de atar y desatar es la manera judía de describir la autoridad. Jesús le da autoridad a Pedro. En la lectura de Isaías vemos esa misma manera judía de hablar de la autoridad dada por Dios a su delegado humano:

«Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá» (Is. 22:22).

No hay duda: Jesús le da especialmente a Pedro la autoridad de pastor universal. Las Escrituras en otros lugares confirman esta prioridad autoritaria de Pedro. El obispo de Roma de hoy ejerce su autoridad como succesor del mismo Pedro por medio del mandato directo de Jesús. Por eso vemos en las comunidades protestantes la confusión de doctrina y hasta de enseñanza moral: no tienen el succesor de Pedro. Hasta en las iglesias ortodoxas orientales vemos la falta de claridad en ciertos temas morales que amenazan al cristianismo--temas como las controversias sobre la contracepción. Esa falta de claridad autoritaria surge de no tener al succesor de Pedro.

En Isaías se habla de los «insondables . . . designios e inscrutables . . . caminos» de Dios. En la autoridad del succesor de Pedro, del Papa, vemos el designio insondable y camino inscrutable de Dios que escogió a un hombre débil como Pedro para fundar el centro de autoridad en la Iglesia de Dios. Los protestantes rechazan este designio; los ortodoxos orientales lo temen y se han acostumbrado a vivir aparte de esta institución. Pero el primado del obispo de Roma no es idea o costumbre o designio o camino de origen humano: viene de la boca misma de Jesucristo.

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